LLEVA TRES MESES Y PARECE QUE HA ESTADO AQUI TODA LA VIDA
El ascensor siempre es noticia en una comunidad de vecinos, pero en Otxarkoaga supone toda una revolución. Es la manera de salvar los últimos obstáculos en un barrio que se construyó a marchas forzadas, sin aceras, y tardó mucho en completar su urbanización. El Ayuntamiento aprobó en septiembre de 2006 un plan especial para esta zona, ya que en muchos inmuebles la única forma de garantizar la accesibilidad a las viviendas es colocar los elevadores en las fachadas. Como eso supone un mayor desembolso, también se han reforzado las ayudas económ
icas.
icas.El tema se ha tratado en 63 comunidades de vecinos, de las que 45 han alcanzado un acuerdo para eliminar las barreras arquitectónicas. Los pioneros -ya hay cinco ascensores en funcionamiento- han pasado por «un largo proceso» para conseguir la licencia. «Desde marzo de 2007 hasta junio de 2008», explica Juan Domínguez, de Zizeruene 27. «Al principio nos exigían colocarlo a metro y medio de la fachada, con unas pasarelas. Era muy aparatoso». Finalmente se aprobó un anteproyecto para los cinco bloques de la manzana con estructuras metálicas que se integran en la fachada. «Durante dos meses, nos reuníamos todas las semanas con los arquitectos, pero valió la pena. Míralo, parece que ha estado aquí toda la vida». También tuvieron problemas con la empresa instaladora.
El procedimiento ha ido cogiendo velocidad. Incluso se ha modificado el Plan General para poder colocar elevadores de cristal, una petición de varios vecinos, y en el centro cívico «han puesto una oficina para informar a la gente». El ascensor, que ha costado 111.000 euros, unos 9.000 por vecino, además de la urbanización, empezó a funcionar en febrero. «Es lo mejor que hemos hecho», se felicita Juan. «Todos los días viene alguien a verlo, como si estuviera de exposición». En su portal viven personas mayores que han cambiado su rutina «y un hombre que anda con muletas y llevaba meses sin salir a la calle», encerrado en el cuarto piso. «Ahora pasea todos los días. Siempre decía ‘me voy a morir sin ver el ascensor’ y en tres meses ha cambiado, parece un chaval».
