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OTXARKOAGA SE SUBE AL ASCENSOR

 EL CORREO

 

La ayuda institucional anima a los vecinos a aprobar la instalación de 50 elevadores

Hasta hace tres años, en el barrio sólo había cinco ascensores para una población de 11.000 residentes

 

EN CIFRAS

21%

es el porcentaje de edificios donde los vecinos han dado ya luz verde a la instalación.

90.000 euros es el coste medio de cada elevador.

 

 Las ayudas municipales cubren hasta el 20%.

 

Érase una vez un barrio con más de 11.000 habitantes, uno de los más nuevos de la ciudad, donde sólo había cinco ascensores. No es ningún cuento, sino la realidad con la que ha tenido que lidiar Otxarkoaga desde su nacimiento, hace medio siglo. Levantado de la nada y a toda velocidad por el Estado durante el franquismo, no fue diseñado pensando precisamente en la accesibilidad. De ahí que se ‘olvidasen’ de los elevadores. Pero ahora, los primeros moradores que llegaron siendo jóvenes ya tienen una edad -el 27% de la población rebasa la barrera de los 60- y el Ayuntamiento se esfuerza en corregir este ‘defecto de fábrica’ del vecindario. Para ello, facilita ayudas y cede espacio público para colocar estas instalaciones por el exterior de los edificios -ocupando parte de la calle-, ya que por dentro de los inmuebles es inviable en la gran mayoría de los casos.

Tres años después de que el Consistorio se pusiera manos a la obra y tras un tímido arranque, los resultados empiezan a verse: ya hay siete portales con ascensor y tres más en obras, además de medio centenar de proyectos aprobados por las comunidades de vecinos. Es decir, el 21% de los 238 edificios que pueden poner ascensor -hay 260 bloques en el barrio, pero algunos no tienen la altura mínima y en unos pocos es imposible-, los residentes ya han dado luz verde a la instalación, según fuentes municipales.

Para animar a los ciudadanos, el Ayuntamiento ha tenido que recurrir a toda su artillería: el departamento de Urbanismo, Surbisa -la sociedad urbanística de rehabilitación de Bilbao- y Viviendas Municipales han trabajado mano a mano para dotar a Otxarkoaga de ascensores. «Lo primero que había que hacer era cambiar el marco legal, creando un plan especial, muy consensuado con los vecinos. También mantuvimos contactos con las áreas de Obras y Servicios y Economía y Hacienda para la desafección de suelo público…Y luego está el apoyo económico, fundamental para que la iniciativa saliera adelante», explica Julia Madrazo, concejal de Urbanismo.

Según detalla, los 8.800 euros de ayudas a fondo perdido que se dan a cualquier portal de la ciudad que quiera poner elevador se quedaban muy cortos en Otxarkoaga por las especiales características del barrio, «de modo que elevamos el tope hasta el 20% del coste». Aun así, «el programa no ‘tiraba’ al ritmo lógico, por eso Surbisa abrió el año pasado en el centro cívico del barrio una oficina para informar a los interesados del procedimiento para instalar ascensores», indica la edil. El equipo de profesionales consignado a esta tarea -con una arquitecta, un aparejador, una trabajadora social, una asesora jurídica y una administrativa- ha atendido más de 400 consultas y gestiones en dos años -313 en 2009- relacionadas con autorizaciones municipales, expedientes de ayudas, seguimiento de los acuerdos de las comunidades de propietarios o la marcha de las obras… Este apoyo sobre el terreno ha sido fundamental para animar a los vecinos. «Desde que la oficina empezó a funcionar, el despegue ha sido espectacular», afirma.

Problemas económicos

De hecho, sólo este año, Urbanismo ha concedido ayudas para ascensores en la villa por valor de 684.000 euros, de los que 116.000 corresponden a Otxarkoaga, donde el coste por elevador asciende a una media de 90.000 euros. A estas subvenciones hay que añadir las que otorga el Gobierno vasco, que van desde el 15 al 45% del presupuesto. «En la oficina, los principales problemas que nos plantean son de índole económico, sobre cómo pedir ayudas», indica Marta Ibarbia, directora de Surbisa.

A las familias, unas doce por bloque, les cuesta el ascensor unos 7.000 ó 8.000 euros, un desembolso que muchas personas no están en condiciones de realizar. En algunos casos, se han realizado informes de ayudas de emergencia social y BBK Solidaria también ha concedido microcréditos -préstamos que una entidad al uso nunca aprobaría debido a la edad del demandante o a su situación económica- para que los vecinos pudiesen afrontar el gasto.

Además, Viviendas Municipales -propietaria de un millar de pisos en Otxarkoaga, aproximadamente un tercio de los del barrio- también se ha implicado en el proceso votando a favor de la instalación de los elevadores y aportando unos 31.000 euros por ascensor, un tercio del total. «En total, serán 1,5 millones de euros, repartidos en diferentes ejercicios, para ayudar a costear los elevadores», resume Isabel Garcés, directora de Viviendas Municipales.

A pesar de las facilidades, hay comunidades donde no se acaba de alcanzar el acuerdo para poner las obras en marcha, muchas veces por rencillas vecinales. De hecho, hay 17 portales en punto muerto y en algunos de ellos viven personas con las capacidades físicas muy mermadas. Aunque el Ayuntamiento ha intentado no ser demasiado intrusivo en el proceso para dotar de ascensores al barrio -«queremos ir de la mano con los residentes, no atosigar»-, las responsables municipales advierten de que van a intervenir en algunos casos especialmente sangrantes: «Se están cometiendo auténticas injusticias y queremos impedirlo».

 

Dos expropiaciones forzosas y otra media docena en tramite

La propiedad del suelo, sea pública o privada, puede ser un escollo insalvable a la hora de colocar un ascensor. Para eliminar este obstáculo en Otxarkoaga, el Ayuntamiento está cediendo terreno municipal, operación que se hace efectiva en sólo dos semanas. Más difícil es cuando la intención de una comunidad de poner elevador choca de lleno con la propiedad privada. Para los casos en que el entendimiento entre el dueño de una lonja y los vecinos es imposible y no hay otras soluciones técnicas, el Consistorio contempla la expropiación forzosa: se toman los metros cuadrados necesarios para la obra, que los residentes del portal deben pagar. En sólo un año, ya se han realizado dos expropiaciones y otra media docena está en trámites. «Intentamos agotar todas las posibilidades antes de llegar a este punto -indica Julia Madrazo-. Pero nuestro deber es proteger la eliminación de barreras arquitectónicas».

«Ya estaba cansada de subir los 80 escalones… ¡que tengo 76 años!

Cuando a Dolores, una encantadora malagueña que lleva en Otxarkoaga «desde el año 61», se le pregunta si ahora que tiene ascensor puede hacer cosas que antes tenía vetadas, se queda descolocada. «No, mujer… Siempre he hecho lo que había que hacer, qué remedio, pero antes me costaba más trabajo… ¡si he tenido siete hijos!», indica orgullosa, con un cantarín acento de su tierra que las décadas pasadas en Bilbao apenas han matizado.
Para una madre con semejante prole, las escaleras no podían convertirse en un freno. Era lo que había, y punto. «Pero ya estaba cansada de subir los ochenta escalones… ¡que tengo 76 años!», aclara. Pese a su aguante, el cuerpo ya le pedía a gritos un ascensor, esa instalación que todavía es una especie exótica en el barrio: «Estoy enferma del corazón y de los huesos… yo no pedí que lo pusieran, pero ahora estoy muy contenta, porque me costaba mucho subir la compra», afirma en el umbral de su puerta, en un sexto piso de la calle Ugarte.
«Uno de los más bonitos»
En el número 1 de Larratundu, donde disponen de otro flamante elevador, también están encantados. O casi. Rosario y Eguzkiñe, ambas inquilinas, le ven un solo fallo: hace paradas entre piso y piso, lo que obliga a los residentes a subir algún tramo de escaleras. «Bueno, pero son ocho peldaños», asumen con conformismo. Una pega que se queda pequeña frente a los piropos que dedican al ascensor, «uno de los más bonitos del barrio».

 

 

 

 

 

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