la esperanza en Bilbao

 La esperanza en Bilbao

 

Al igual que el poeta Vicente Aleixandre sostenía en uno de sus versos sobre su metrópoli natal “Un soplo de eternidad pudo destruirte ciudad prodigiosa…” este puede llegar a ser sostenido como un principio premonitorio dado que al Bilbao del futuro, no sabemos si urbanísticamente le acontecerá un análogo destino. A riesgo de poder parecer un agorero, simplemente les invito a que reflexionen en torno a unas cuantas cuestiones, porque considero que no hay nada más fructífero para el intelecto humano que suscitar la duda o “skepsis”, aquella, que según el filósofo José Ortega y Gasset, es la condición del conocimiento científico. 

 

Es algo curioso, porque en los años 70, ya hubo quienes, como el arquitecto municipal Ramón Losada, basado en su experiencia y que expresó en su tesis doctoral sobre el urbanismo de Bilbao de aquellos años, llegó a sostener una idea que hoy esta de plena actualidad, dado que planteó si no sería más lógico que durante las siguientes décadas Bilbao dejara de extenderse, y que se les permitiera a otros núcleos urbanos ya consolidados la posibilidad de crecer. Detrás de esta decisión no se trataba sino de darles a los bilbaínos una ciudad con calidad y dejar de lado aquellos perniciosos anhelos económicos sobre la urbe, basados en la estupidez y en la soberbia de muchos políticos de avalar el crecimiento por el crecimiento que había llevado durante el Desarrollismo a Bilbao a ser tachada de ciudad caótica. Baste recordar la situación del casco histórico, que estuvo en peligro de desaparecer, la anárquica situación de los barrios periféricos, pero también las optimistas posibilidades que se originaron ante las propuestas de la exposición, en la Feria de Muestras, sobre Roma Interrotta, cuando se sostuvo por algunos de los arquitectos más brillantes del momento, que había que recuperar el casco histórico y que la ciudad dejara de crecer a través de las ciudades satélites, de los polígonos y de los rascacielos, que habían supuesto un auténtico desastre urbanístico, sobre todo, por la extraordinaria especulación suscitada.

 

Hoy, año 2012, aquellas ideas, al parecer, cayeron en saco roto. Porque una de las muchas incertidumbres que surgen en estos momentos, es, ¿qué les espera en los próximos años a los bilbaínos?: con ejemplos como el del proyecto de Zorrozaurre, con la anunciada construcción de miles de viviendas (unas 5.473 viviendas), empresas, parques tecnológicos y demás negocios (sobre unos 201.360 m2), con una población que se incrementará como mínimo entre 15.000 a 25.000 personas, solo en esa zona, todo ello da que pensar. Tengamos en cuenta, que quienes accedan a esas viviendas, tendrán un coche o dos por familia, y que las empresas allí ubicadas suscitarán un mayor movimiento de vehículos industriales o de transporte de mercancías… ¿con qué tipo de propuestas contarán si hoy día ya hay graves problemas de movilidad en Bilbao y no digamos en esa zona? la duda inmediata que surge es ¿qué pasará entonces?, ¿acaso la solución será la de complicar más la vida a los ciudadanos de a pie, al suscitar una mayor contaminación ambiental, aglomeración y densidad?.

 

A esta gran obra hay que añadir las nuevas viviendas de Garellano y las de Olaveaga (unas 2.000 viviendas). Más gente, significa inevitablemente más problemas. Vuelven los viejos proyectos como el canal de Deusto, los aparcamientos en las afueras de la trama urbana para, supuestamente, impulsar el transporte público, más rascacielos…, pero, ¿es esta la solución, volver a arcaicas y fallidas formulas propias de la edad provecta, cuando las ideas sobre la ciudad del futuro van por otro lado? Tal vez se deba a que la memoria en el ser humano es demasiado frágil. Porque al parecer vuelven las ideas sustentadas para conformar aquella ciudad que supuso un autentico disparate del que se ha levantado Bilbao no hace mucho tiempo. Pero a pesar de ello hay quienes se empeñan en volver a una mayor opulencia, en sostener un mayor número de elementos dentro del tejido urbano, que no va a suponer sino caer en los gravísimos problemas de antaño. ¿No se darán cuenta que cuanto más se construye y se extiende el botxo -limitado como lo está-, es pan para hoy y hambre para mañana? El problema, simplemente se lo están trasladando a los bilbaínos del futuro. Conflicto que es extensible a la mayoría de ciudades del mundo bajo este tipo de sociedades y sistemas. No sería más lógico proporcionarles a los ciudadanos, menos cemento estéril e hirsuto y más calidad de vida.

 

Hace años ya sustenté en un artículo la idea sobre la extraordinaria oportunidad perdida en Abandoibarra, junto al Guggenheim, la biblioteca de Deusto y el palacio Euskalduna. Los que respaldaron la política sobre Abandoibarra, sostendrán que era absolutamente necesario recalificar aquel suelo, vender lo que era público a la iniciativa privada, y obtener cuantiosos beneficios para poder llevar a cabo la rehabilitación de lo que antes había sido una zona extremadamente degradada. No hubiera sido una propuesta más inexhausta, que si tuvieron la temeridad de que se invirtieran más de 40.000 millones en el Guggenheim, en una apuesta de futuro en la que casi nadie creía, sin saber si tendría o no éxito, ¿por qué no plantear con muchísima menos inversión económica algo mucho más potente culturalmente que además hubiese sido un éxito seguro? Fue la gran oportunidad perdida de haber construido sobre ese suelo el gran centro de las Artes Escénicas (proyecto trascendental para Bilbao pero defenestrado políticamente, porque ninguno apostó ni peleó por ello), que hubiera servido para lanzar no solo a los artistas vascos sino a Bilbao como la gran ciudad de la cultura a nivel mundial. Llegué incluso a sostener traer la facultad de Bellas Artes de Leioa a un edificio colindante, de esta forma se unirían todas las artes, erigiendo una especie de Bauhaus en Abandoibarra y que como proyecto de futuro hubiese sido muy rentable, tanto cultural como económicamente.

 

En vez de eso, se ha dado prioridad a otro modo de entender la ciudad, -las enabling settlement strategies-, que siguen vigentes. Por otra parte, todo el mundo emplea hoy usualmente un termino del todo desacertado al referirse a Bilbao como ciudad cultural –ahora comprendo al urbanista Michael Sorkin cuando sostenía que la cultura se esta Disney-ficando-, pero mi duda es, ¿porque se le califica así, si hay más oficinas, viviendas de lujo …que edificios que tengan que ver con la cultura?. Es más, ni tan siquiera cumple con la premisa de un concepto más trivial de cultura, tal y como la definía el filósofo e historiador Werner Wilhelm Jaeger, como la totalidad de todas las manifestaciones y formas de vida que caracterizan a un pueblo. Contrariamente a esto se suscitó otro tipo de cultura, como ha sido la de la especulación sobre lo que fue un terreno público, llegando a hacer de ese suelo el m2 más caro del Estado, con edificios exclusivos, privatizando ese suelo que una vez fue patrimonio de los ciudadanos. Hoy, en cambio, es propiedad de unos pocos.

 

Parece ser que fueron premonitorias para Bilbao las palabras de Francois Mitterrand a principios de los años 80 “une civilisation est évalué par le réussir de s´architecture” pero al igual que Paris se intentaba contextualizar mundialmente, -gracias a la arquitectura y a los grandes arquitectos-, aquí en Bilbao, para llevar a cabo el mismo anhelo, no todo han sido aciertos. Porque hoy Bilbao es igual a cualquier otra ciudad del mundo, como en su senectud lo fue con su estética fabril e industrial. Pero ante este nuevo Bilbao que surge, ¿cual es la esperanza?, tal vez, permítanme mi derecho al pesimismo, la que ya sostuvo en otro contexto el poeta Gabriel Aresti “…Bilbaon, esperanza oso mehar, ilun, eta laburra da”.

 

Luis Bilbao Larrondo (Doctor en Historia)

Hau da hau, gure Bilbau

Hau da hau, gure Bilbau

 

 

Bilboko agintariak kritikarekiko sentiberak dira; hori esateko, egungo errealitatea ikustea besterik ez dago. Komunikabideen aurrean agertzean ausart eta harro dira, hitz egiterakoan kurrinka ari balira bezala. Putzak harturik daude.  Horien portaera okerreko bidetik doala dakusat, eta aspalditik kontu horrek erabat harritzen nauela aitortu behar dut. Adibideak hur-hurrean ditugu.

Egunak joan egunak etorri, Euskaltzaindiak Bilboko Plaza Berrian duen egoitza ondo  txukuna eta egokia dela errepikatzen da, baina hurbil zaitez hara eta zerorrek egiaztatuko duzu une oro zer nolako zarata, zalaparta eta desoreka jaso behar izaten dituen. Askotan  ikaragarria dela berretsiko duzue. Noski, dagoeneko, usatuta egongo dira, baina hori, berez, ez al da gure hizkuntzaren akademiari burutik behera kaka egitea edo adeigabea izatea? Agintariei maiz entzuten diegu esaten euskara zein garrantzitsua den, baina orduan, Euskaltzaindiak duen egoitza, zergatik tratatzen dute hain gaizki? Politikariek berehalako batean beren berba jaten dute eta nahiago dute gauzak bere horretan uztea. Hori dela eta, askotan zalantzan jartzen dut politikariek esaten dutena, beren axolagabekeria nabarmen bezain ezaguna baita. Iruzurgile bikainak, horixe besterik ez dira. Uste izatekoa da, izan,  Euskaltzaindiaren egoitzak gure hizkuntzaren leku sakratua izan beharko lukeela, ikasketak eta ikerkuntza, euskararen inguruko gaiak arakatzeko, irtenbideak aztertu eta sortzeko, hizkuntza bera landu eta zaintzeko, behar eta dagokion moduan, bake berezia beharko lukeela, eta oreka eta errespetu osoa ere bai.

Nire ustez, nahikoa da, inguruko tabernek zein jendeak sortzen duen mugimenduarekin nahiz zaratarekin. Baina, horrez gainera, aurrean, gehienetan, txosnak ez badira musika, dantza, janari, eta edari erakustaldiak ere antolatzen dira, Bilboko jaietan, San Tomas-en, edota beste horrenbeste ospakizunetan, behin eta berriro, gero eta gehiago, udalak antolatutakoak. Ezin dira egitarauak aldatu eta eraman ekintza horiek guztiak beste leku batetara? errespetu pittin bat zor diogu geure Hizkuntzaren Akademiaren egoitzari, Euskaltzaindia bera den ezaugarriari.

Urte asko dira ondoko tabernan egunero kafea hartzen, eta, urtean zehar, Euskaltzaindiak jasotzen duenak bide makurra daramala esan behar dut. Aitor dut ni neu ere han egokitu naizela inoiz.  Guztion ikurra darama, eta halako ikurra gainera, eta ahalegin guztiak egiten ditu bere izen ona mantentzeko, eta guztiok bera garrantzitsutzat ez eze, guztiz beharrezkotzat ere hartu beharko genuke, eta errespetu osoa sortu beharko luke gizartearengan, hots, Bilborengan. Pentsatu al dugu inoiz zer nolako eskandalua sortuko litzatekeen, esaterako, Parisen, Berlinen, Erroman, edota Madrilen bertako hizkuntz akademiaren aurrean halako zerbait gertatuko balitz? Nolanahi ere, arduragabekeria hori hemen besterik ez da gertatzen, munduan zehar ez baita holakorik inon egiten, eta jarrera bakan hau ikusita, neure buruari galdetzen diot zer nolako hiriaz eta gizarteaz ari garen. Honek guztiak zerbait erakusten eta esan nahi du,  ezta?.

Erbestetik datozen bisitariek ikusten dutenean Euskaltzaindiaren aurrea txosnaz  beterik, edota jendetza han iskanbila sortzen, txahala botatzen, txiza egiten, Euskaltzaindiaren albo-alboan, zer pentsatu beharko dute gutaz eta gure kulturaz? Lehenengo eta behin, beren ezustekoa eta harridura agertu ondoren, beren buruari galde egingo diote, baina zertan dihardute hor?  Ondoren hau eransteko, “gure herrian ez litzateke inoiz gertatuko halako errespetu gabeziarik gure hizkuntzaren zaintzailearekiko: Tira, agian bai, diktadura baten mende egotekotan”. Hau ikusi eta entzun beharrak inoren buruarengan lotsa sentiarazten dit.

Gizarte eta hiri batek “chiringitoen” kultura bere hizkuntzarena baino gehiago babesten eta zaintzen duenean, horrek zeozer esan nahi du bere jendeaz, bere gizarteaz eta bere agintariez, ezta? Hau al da ba jardunbide zuzena ala zer demontre ote da? Gure ikurrak babestea zein garrantzitsua den gauza jakina omen da, zer esanik ez. Baiona itxuraz gure agintari batzuk ez dira oraindik horretaz konturatu. Batzuetan Plaza Berria monumentu historiko-artistikoa omen da, baina beste batzuetan, ordea, haurtzaindegia, futbol-zelaia, lapurretan  lorturikoa saltzeko gunea, animali denda, liburu zaharren saltoki  edota kromoak trukatzeko lekua. Hau da hau kontraesana, Euskaltzaindiak, bizkitartean, zama pisutsuegia jasaten dihardu.

Bestalde, ildo horri jarraituz, burura datorkit egoera horren etsenplu adierazgarria izan daitekeena: udal agintariei eskatu zitzaienean Bilboko kale bati bertoko euskaltzale baten izena jartzeko, Isaac Torrijos jauna, erantzuna ezezkoa izan omen zen, ezin zezaketelako aitzakiaz.Baina agintari hauek ez dute aipatzen Rafael Sanchez Mazas-en kasua, Franco-ren Ministroa izanarena, Bilboko kale bat bere izenarekin daukana, eta frankismoaren hainbat sinbolo, dozenaka, segitzen dute babesten, “Memoria Historikoa”ren legea bete barik; “Sociedad Bilbaina”-n, urrunago joan gabe. Egoera hau, eskizofrenikoa da. Adibide bat besterik ez dut aipatu nahi izan, gure Bilbo, halako paradoxaz beterik dago eta. Ez du ez garunik ez zentzurik.

Halako ikurren egoera oraindik hain larria denez, horretan askoz gehiago sakondu beharko genuke, arazoaren mamiraino iritsi arte. Bilbori buruz, sarritan hitz egiten da, eta politikariek zein bilbotar gehienek, oro har, eredutzat hartu eta saldu nahi dute hiria, sinbolo bezala, arkitekturaren ikuspuntutik, kulturgune gisa, antza denez, gizartearen gehiengoak onartzen eta babesten duelako. Edonola ere, hiri bat, kanpotik lifting ona duena baina barrutik hutsik dagoena, zer motatako hiria da? Karamelu baten azaleko papera dirudi Bilbo horrek. Kanpotik oso ederra, airos eta pinpirin, baina ahora sartu eta bera dastatzean, barrutik hain zapore gozorik ez.

Begiratu besterik ez dago, hiri hau bere gizartearen isla baino ez delako. Hauxe da saldu nahian dabiltzan hiria edo Bilbo marka, baina behin den-dena aztertuta, onartu ezina da bera ikurtzat hartzea, ezta munduan zehar saldu nahian ibiltzea ere, lotsagarria litzateke eta. Pentsatze hutsak beldurra sorrarazten dit. Nola aurkez daiteke munduan zehar halako hiria, gizarte honen sustraiak usteldurik baldin badaude? Gizarte honen gehiengo batek, azaleko gauzei garrantzia eman arren, badirudi funtsezkoei eta garrantzizkoei, aldiz, ez diela zor zaiena eskaintzen. Eta bien bitartean hobeto argi laburreko pertsonak bultzatzen jarraiki eta Euskaltzaindia bezalako euskal ikur-ereduak gutxiesten. Eta jada gaitza hedatu egin da. Zer egin dezakegu honen aurrean? Isilik egon eta makurturik jardun ala behingoz uztarpetik irten? Badugu garaia gehiago itzulinguruka ez ibiltzeko.

 

 

 

Luis Bilbao Larrondo (Historialaria)

 

 

 

 

diktadura frankistaren etxebizitza politika / politica de vivienda en la dictadura franquista

 

 

Harridura sortzen du, zinez, Bilboko historiari buruz orain arte esan digutenak, Frankismo garaikoak, hain zuzen, behin sakon ikertu eta gero konturatzen baitzara historia horrek ez duela zerikusi handirik errealitatearekin. Bestalde, datuak eta informazioa izatea, hau da, erudizioa, ondo datorkigu historialarioi, baina halere, garrantzitsuagotzat hartuko nuke nik: zenbat eta kontraesan edo paradoxa gehiago mahaigaineratu eta aztertu, orduan eta ulergarriagoa egingo zaio jendeari errealitate korapilatsu hori. Izan ere, eta Frankismoari dagokionez, hemendik ere ikasbide bat atera daiteke, aurrerantzean horrelakoak baztertzeko.

Hau esanda, 1959. urtean Bilbo industrialaren eraginez, etorkizun hobearen bila guregana milaka bizilagunen etorrerak arazo larriak sortu zituen, batez ere, etxebizitzarik ez zegoelako, etorkin horientzat behintzat. Azkenean, ondorioak agintariek uste baino larriagoak bilakatu ziren, 40.000 bizilagunek ikusi zituzten beren buruak txaboletan biziaraztera eta beste 125.000k, berriz, alokaturik bizitzera beharturik. Urte horretan Bilboko biztanleak 280.000 zirela kontuan izanik, kopuru hauek benetako egoera nolakoa zen adierazten digute, eta hura larritzat hartu behar zela esan dezakegu. Agintari frankistak egia faltsutu nahian zebiltzan arren, egunkarien bitartez haien etxebizitza-politikaren porrot ikaragarria ezagutarazi zenean, azkenik jakin ahal izan genuen zein izan zen benetako errealitatea.

Gogoratu beharra dago, Bilboko kinka larri hartan, bai Monte Banderasen, bai Monte Cabrasen, bai Irustan, bai Los Cañosen, etabarren, milaka bizilagunek bizi  behar izan zutela eurek porlanez eta adreiluz eraikitako txaboletan, baldintza negargarrietan… Bestalde, Bilboko zein Madrilgo agintariek premiazkoa zuten garai hartan poligono baten proiektua abian jartzea. Izan ere, denbora aurrera joan ahala, txaboletan zein alokaturik bizi zirenen egoera gero eta okerragoa zen, eta horren aurrean agintariek ezin zituzten datu horiek alde batera utzi, ezikusiarena eginez. Haatik, benetako arazoa beste bat izan zen, ez baitzeukaten ez dirurik ez tresna teknikorik ere buruhauste larri hori konpontzeko.

Hala ere, politika horren atzean zer ezkutatzen zen? Ideia horren muina, ororen gainetik, arazoaren mamiraino iristea omen zuten helburu agintariek. Gainera, arazo hori trenkatzeko, Etxebizitza Ministeriora jo behar izan zuten Bilboko agintariek, udalak ez zeukalako aukerarik proiektuak aurrera egin zezan. Horrexegatik Bizkaiko Larrialdi Sozialerako Plangintza delakoa dekretatu zen, eta plangintza horren barruan Otxarkoagako poligonoaren proiektua zegoen kokaturik. Dena den, Elizak, politikariek eta enpresariek bultzaturik, txabola guztiak desagerrarazi nahi izan zituen  Francok. Hori ez zen gertatu haren borondate onaren edo paternalismoaren ondorioz, orain arte esan diguten bezala, baizik eta bere burua hartara beharturik ikusi zuelako, frankismoa sostengatzen zuten oinarrien presiopean. Horretarako, poliziak eta armadak bizilekuak hustu zituzten eta kamioi eta gurdietan jendea poligonora eraman zuten, bortxaz beren ordura arteko etxeetatik aterata, euren borondatearen kontra, auzotegi eraiki berrira.

Urte eskas batean ezerezetik Otxarkoaga auzoa sortu zen 1961ean. Nekazari mundu horretan sekulako zirrara izan zela azpimarratu beharko genuke, laborantza mundu izatetik hiri izatera bat-batean pasatzean.   

Dena den, Frankismotik heldu zaigun historia paternalistak askotan kontatu digu, behin Francok txabolak ikusi eta gero, ez zituela berriro ikusi nahi izan, eta horren ondorioz Otxarkoaga sorrarazi zuela.  Errealitatea, ordea, beste bat izan zen. Zer zegoen horren azpian? Funtsean kontraesan bat: Begoñako eta Bilboko historia aztertzen badugu, garai hartan, Bilbo berri bat saldu nahi zuten agintari frankistek: Bilbo modernoa, eta hortxe zeuden, adibidez, Bilboko Erakustazoka eta Ingeniarien Eskolako eraikuntza berri eta modernoak, baina aldi berean garapen ekonomikorako plangintza egiteke zegoen oraindik, eta hortik argi ikus dezakegu zer nolako paradoxa nabarmena gertatzen zen, aurrekoaren parean milaka txabola Banderas, Artxanda, Arraiz, Arnotegi mendien gainean kokaturik. Alde batetik Bilbo modernoa erakutsi nahi ziguten Bilboko agintariek eta bestetik 30 errebal zeuden Bilbo horrexetan. Bateraezintzat jo zituzten agintariek bi ereduok.

Proiektu horren atzean Bizkaiko arkitekto elkargotik 12 arkitekto gazte zeuden, eta helduago bat:  Juan Madariaga, hain zuzen ere, Mexikoko erbestetik heldu berria.  Han esperientzia ikaragarria hartu zuen. Izan ere, Mexikon, besteak beste, Villagran Garcia eta Legorreta arkitekto ospetsuekin lan egin zuen. Egia esan arkitektoek ez zuten aukera handirik eduki. Etxebizitza Ministerioko arduradunek, non eta nola aurretik erabakita, lehenbailehen 4000 etxebizitza eraikiarazi nahi zituzten, 20.000 bizi lagunentzat, hor auzoetxea, bi eliza, 3 merkataritza-gune eta 3 eskola ezarriz, esaten zutenez, poligonoari autonomía emateko.

Etxebizitzak aztertzean adierazgarria da kanpoko aldean eraikuntza irekiak proposatu izatea, gune eguzkitsuetan kokatuak, gune berdez inguratuak, eta adreiluz egindakoak, hori erarik merkeena zelako. Etxebizitza Ministeriokoek leku egokitzat jo zuten mendien artean kokatzea, ondoan Etxebarri, Galdakao, Basauriko haranak eta bertako lantegiak zeudelako. Ezin hobeto zetorkien langileei euren etxebizitzetatik lantegiak hain hurbil edukitzea.

Era berean, etxebizitzen barneko antolamendua Diru-Laguntzaz babesturiko Etxebizitzen legepean zegoen. Lege berri honekin ekimen pribatuarentzat eskaintza erakargarria lortu zen, batez ere, barrutik zenbat metro karratu eduki behar zituzten, material ahalik eta merkeenak erabiliz eta zenbat eta lasterren eraikitzea hobetsiz, horrek kostu aldetik ahalik eta merkeena lortzeko. Beste ezaugarri bat eraikuntza mendien gainean egitea zen, hirigintza planik gabe.  Pentsatzekoa da, hortik zer atera zitekeen: auzotegia  aldapaz beterik gelditu zen, gabezia askorekin eta kalitate eskaseko materialekin. Geroago hezetasunak etorri ziren, eta are arazo gehiago eta larriagoak ere. Hainbat etxe-orratz eraiki eta gero, bestalde, biztanle dentsitatea ikaragarria ere sortu zen.

Hirigintzaren eta arkitekturaren ikuspuntutik eredu berriaz ari gara, Bilboko hiriaren kanpoko aldeko poligono baten bitartez Bilboko zabalgune ereduarekin apurtu zuena; era berean, arkitekturako laborategi gisa har dezakegu,  batera  bai material berriak eta bai aurrefabrikatzeko sistema berriak erabili zirelako. Otxarkoagakoa Bizkaiko lehenengo poligonoa izan zen, eta hura eredutzat hartuta, geroago beste leku askotan erabiliko zelako: Txurdinagan, Begoñan, INVko poligono guztietan,  Bilbo Handian, Basaurin, Gurutzetan, Sestaon, Portugaleten, Santurtzin eta Muskizen, besteak beste. Horregatik guztiagatik, ondorioz, nabarmentzekoa da Otxarkoagaren garrantzia .

Paternalismoa baino askoz gehiago ere bazegoen politika horren atzean, eta 50. hamarkadan falangisten menean egindako etxebizitza politikaren porrota adierazten zuen. Huts horiek gainditzeko ekimen pribatua erakartzeko bideak sortzea erabaki zuten orduan agintari frankistek, hau da, etxebizitzak negoziotzat hartzea. Bankuak erakartzeko, etxebizitza-jabetasuna eredu bihurtu zen, bai eroslearentzat bai erabiltzailearentzat ere. Hortik aurrera, ekimen pribatuak berak Bilboko hedapena nondik nora jo behar zuen eta hiria non, noiz eta zelan eraiki beharko zen erabakiko zuen. Otxarkoagakoa politika horren hasiera baino ez zen izan. Urteak aurrera joan ahala, poligonoa etxebizitza-politikaren beste porrot bat bilakatu zen, alde batetik, etxebizitza-gabezia konpondu ez zuelako, eta bestetik, espekulazio ikaragarria sortu zuelako.

LUIS BILBAO LARRONDO (HISTORIADOR)

USA

El mito americano y el franquismo

Toda vez que se suscita un debate, en torno a la paradójica actitud de los Estados Unidos, nos crea cierta sensación contradictoria, porque cuantos en cuantas ocasiones habrán creído ingenuamente a quienes les han repetido insistentemente que se trataba del país de la libertad, cuna de la democracia y donde todo es posible. Sin embargo, es preciso dar una mayor credibilidad a quienes sostienen que todo ello no es sino un mito, una mera ilusión sustentada a través de un sinfín de herramientas culturizadoras. Baste recordar el idilio que mantuvieron con la España de Franco y su execrable actitud hacia el gobierno legítimo y democrático de la República en el exilio. En los años 40 del pasado siglo XX, en una ciudad sobre la que las autoridades franquistas trataban, tras el alzamiento militar, de erigir un fastuoso Gran Madrid, diseñando grandes avenidas y basado en una arquitectura monumental, no solo trataban de convertirla en la gran capital sino en el centro espiritual de aquella nueva España. No obstante, resultaba contradictorio, porque su realidad era la de una ciudad devastada por la guerra y nadie se sorprenderá al analizar la prensa de la época, ante aquellas noticias sobre las graves situaciones de penuria por las que pasaban sus habitantes, en las que los madrileños trataban de dirimir entre poder elegir entre sacos de yute o sacos de esparto, entre la escasez de leña o la falta de carbón, entre el déficit de combustible o las terribles dificultades en el suministro de energía eléctrica. Situación a la que se debía aunar la limitación en el acopio de toda clase de materiales, la falta de todo tipo de alimentos, con las famosas cartillas de racionamiento, para quienes soportaban las consecuencias de la paralización del comercio, con una crisis de producción, transporte y distribución generalizados. Todo esto, si lo unimos a aquella imagen de las decenas de miles de personas que vivían en el extrarradio de la capital, en lamentables condiciones, subsistiendo en cuevas, chozas y chabolas, que conformaban los gigantescos cinturones de suburbios que rodeaban la capital, transmite una palmaria evidencia de cuáles eran las prioridades de aquel régimen dictatorial. En ese contexto de posguerra, en el que las Naciones Unidas desde 1946 venían sancionando y aislando internacionalmente al régimen dictatorial de Franco, fue tomando cuerpo una gran farsa que se ha perpetuado hasta nuestros días.

La gran farsa

Apenas perduró aquella situación, cuando desde la administración de los EE.UU., iniciaron una campaña a finales de los años 40, para que se reanudaran las relaciones diplomáticas con la España de Franco. Interés que tuvo su reflejo en las noticias que aparecían en periódicos de tanta entidad como el New York Times, diario en el que se empezaron a escribir artículos sobre la España franquista y en los que defendían su valor estratégico para los Estados Unidos. Con el tiempo se fue haciendo usual que distintos parlamentarios norteamericanos comenzaran a visitar la España de Franco en busca de ese acercamiento. El Senador Mc Carran fue el autor de la iniciativa para que la España de Franco recibiera el Plan Marshall –George Marshall fue el Secretario de Estado que instauró el plan de ayudas financieras y materiales para resolver la crisis económica europea de posguerra-, además era Presidente de la Comisión Mixta de ambas cámaras y fue quien disponía cómo se distribuiría el Plan Marshall en Europa. Otros políticos, como John Kee, Presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, propusieron enviar de manera inmediata un embajador a Madrid. Llegaron, desde la administración estadounidense, a defender, basado en un discurso falaz, que desde que retiraron a su embajador de Madrid, habían fracasado en su pretensión inicial de aislar al régimen, que no hubo nunca un frente unido dentro de las Naciones Unidas contra Franco y que con los años esta acción perdió su valor moral. Tom Connally, Presidente de la Comisión Senatorial de Asuntos Exteriores, senador demócrata por el estado de Texas, llegó a proponer presionar al resto de países para que apoyaran a EE.UU. en sus anhelos y se vendía a la España de Franco como una poderosa barrera contra el comunismo. Ese mismo año de 1950 llegaron a Madrid 38 periodistas norteamericanos para que desde sus editoriales expusieran cuales eran las excelencias del franquismo. Incluso desde la prensa escrita como el New York Telegraph empezó una campaña basada en una sarta de invenciones, en las que defendían la gran labor del franquismo durante la guerra mundial al rescatar pilotos norteamericanos, que ayudaron a la Francia Libre en la lucha contra los alemanes en el norte de África o que Franco impidió que los alemanes atacaran Gibraltar. La intención de esta vil campaña, no fue otra, que lograr que una mayoría de los miembros de las Naciones Unidas se adhirieran a la propuesta norteamericana, con el fin de derogar la disposición de 1946 contra la dictadura franquista.

Los símbolos de New York y de Pittsburg

Desde finales de los años 40, los dirigentes del régimen franquista, llevados por aquella fascinación que sentían por los Estados Unidos y tratando de implantar algunas de aquellas soluciones pragmáticas, ante problemas tan graves como el de los suburbios, pretendieron establecer en Madrid la que consideraban había supuesto una efectiva política del ayuntamiento de New York, con leyes restrictivas de acceso a la ciudad, de esta forma quien no pudiera demostrar que poseía trabajo ni una vivienda le era negado el acceso y era expulsado a su lugar de origen. Ley, que por cierto, fue posteriormente instaurada por el Ministerio de la Vivienda de Jose Luis Arrese a partir de 1957 dentro de los planes de urgencia social tanto para Madrid, Barcelona, Asturias y Bizkaia. Las fotografías de imponentes rascacielos aparecían, una y otra vez, en la prensa escrita madrileña, como signo representativo de aquella ostentación y riqueza. Eran artículos en los que se describía a los Estados Unidos como el país del máximo poderío económico, militar y técnico del mundo, el país de la libertad y del bienestar económico. Llegó a ser denominado por algún periodista como “el supremo estado relámpago de los tiempos contemporáneos”. Se publicaron artículos en diferentes medios de la prensa escrita, en los que personajes relevantes de la vida madrileña que habían viajado a los Estados Unidos, describían las maravillas y bondades de aquel país, con sus grandes supermercados en los que entrabas con tu coche y seguido con tu carrito recogías los productos envasados, reflejo de una estampa que se haría común décadas después en las ciudades no solo de España sino de Europa. Se describían las imágenes más representativas de la metrópoli de New York, desde aquellas anchas arterias, hasta las líneas de metro, que reflejaban el alma compleja de New York, una ciudad tachada de dura y egoísta, pero en la que no sentía nunca uno sobre sí las miradas de los demás, ni era tratado como un extranjero. Era denominada la ciudad de la oportunidad, fecunda en sorpresas, en donde nunca se perdía la esperanza, moderna y orgullosa de esa modernidad exuberante. En esta ciudad, con un elevadísimo nivel de vida, aseguraban varios medios de comunicación, podías contemplar a un obrero que podía disfrutar de su enorme vehículo, de su casa, con toda clase de electrodomésticos, en donde apenas se distinguía el obrero del rico, ya que vestían igual, comían igual y acudían a los mismos espectáculos. New York era entonces una metrópoli que poseía una población de 8,5 millones de habitantes y era 10 veces superior en extensión a Madrid. Era la ciudad en donde se inventaban continuamente máquinas que sustituían el esfuerzo personal y aumentaban las cifras de producción hasta proporciones insospechadas. Esta urbe, según atestiguaban quienes la visitaron entonces, estaba imbuida de un espíritu dinámico y a la vez pragmático, en donde los viajeros se veían sorprendidos por aquellos descomunales edificios, símbolos del progreso y de la modernidad, como el Chrysler Building, el Rockeffeller Centre, el Empire State Building o el Murray Hill Hotel, con cientos de pisos en altura y con capacidad para acoger a miles de personas. Eran descritos por quienes los visitaron como majestuosos, grandiosos, verdaderas moles de hormigón armado, cristal y acero. Otros hitos neoyorquinos que se describieron con asiduidad en la prensa madrileña fueron el puente de Brooklyn, Central Park, los grandes almacenes Macys, que aparecían junto a fotos, dibujos y artículos sobre la New York City Housing Authority, la Metropolitan Life Insurance Company y el grupo residencial Parkchester, Stuyvesant Town, Peter Cooper Village o Riverton Esso Building. Se empezaron a publicar también artículos en torno a Pittsburgh, calificada como la ciudad fantástica, la cuna del acero, que era descrita por la prensa del Régimen como el gran icono de la riqueza con esta frase que lo decía todo “una ciudad en la que no se puede tirar una piedra sin darle a un millonario” Era considerada como la población más rica del mundo, centro omnipotente de la industria, del carbón, del hierro, del petróleo y del gas natural. Describían la estampa de sus fundiciones del acero que durante la noche ofrecían un efecto purpureo cuando salían los bloques de los altos hornos en rojizas llamaradas que tanto nos recordaban a los Altos Hornos de Vizcaya. Era contemplada a su vez como la ciudad de los grandes filántropos y multimillonarios como Andrew Carnegie y R.K. Mellon. En aquella situación de posguerra, de hambruna, de restricciones y de estraperlos, el mito americano, a través de estos símbolos, tomaría una extraordinaria fuerza entre aquella desolada y empobrecida población, pero que aun así, percibía y contemplaba, absolutamente cautivada, todas aquellas noticias y fotografías que sobre el modo de vida norteamericano llegaban, con una imagen, de lo que les decían, sin comprender muy bien lo que significaba, qué era progreso y qué modernidad.

La certificación de una infamia

El 26 de Marzo de 1953, era firmado en Madrid el convenio defensivo y de ayuda mutua entre la España de Franco y los Estados Unidos. La traición a la democracia se había consumado. A cambio, la dictadura franquista les proporcionaba toda clase de concesiones, desde bases aéreas y de la marina en Torrejón, Zaragoza, Sevilla o Rota, además de un sinfín de pequeñas estaciones de radares diseminadas por toda la península. Se creó la Architectural Enginers Spanish Basiers, oficina encargada de diseñar y construir las bases militares estadounidenses, auténticas ciudades en las que se reproducía el modo de vida norteamericano para sorpresa de quienes sufrían las restricciones de la autarquía y contemplaban atónitos aquellas ostentaciones de riqueza con aquellas viviendas unifamiliares o car-poor, con sus grandes supermercados o sus suntuosos automóviles. Se abrieron las fronteras y dieron comienzo las ayudas económicas al régimen de Franco así como se sustentaron los viajes de intercambio tanto técnico como cultural. De esta manera, por una parte, el gobierno de Franco tomaba como referencia aquel modelo económico y de país, y por otra parte, sepultaban cualquier atisbo de posibilidad de que se reconociera al legítimo gobierno español de la República en el exilio. Sustentaba un reputado escritor que los EE.UU., es un país que nos resulta fascinante, extraño, sorprendente, y cuando menos, complejo de comprender, y sin embargo, sus actos, son los que son y son lo que son.

Luis Bilbao Larrondo (Historiador)

etxebizitza / vivienda

LA VIVIENDA EN PROPIEDAD: OTRA HERENCIA DEL FRANQUISMO

 jose luis arrese

Cuando la historia se refiere a la figura del bilbaíno José Luis Arrese Magra, arquitecto de formación, ideólogo falangista, Ministro General del Movimiento y Ministro de la Vivienda entre 1957-1960, dudoso honor se le confiere por parte de los historiadores a este personaje, tal vez por asumir como una verdad incontestable lo difundido en la prensa, sin comprender que durante el franquismo rara vez lo escrito reflejaba la verdad, porque cuantas de esas supuestas verdades acabaron siendo mentiras impuestas por la propaganda oficial. Y es que cuando me refiero a Arrese, lo hago como aquel siniestro personaje que implantó la perversa política de la vivienda en propiedad que ha llegado hasta nuestros dias.

Es preciso recordar que su mayor aportación siendo Ministro de la Vivienda, fue impulsar una política que trató de encontrar la implicación de la iniciativa privada y para ello hizo del construir viviendas un negocio. Aquellas frases que aparecían en la prensa escrita “No queremos una nación de proletarios sino de propietarios” eran explicativas de la política que pretendió instaurar. La iniciativa privada sería la pieza fundamental de su política de la construcción. Para implicar a esta iniciativa privada en la edificación, hizo del construir viviendas sociales un lucrativo negocio, a través de subvenciones a fondo perdido, rentas compensadoras, gozando de todas las ventajas tributarias de las anteriores leyes (Vivienda Protegida, Vivienda Bonificable y Viviendas de Renta Limitada) con materiales a precio de fábrica y exentos de impuestos.

Los sucesivos gobiernos franquistas, de esta forma, se vieron liberados de esa política al movilizar al ahorro privado en apoyo de la edificación y las inmobiliarias privadas entraron en tromba, como un elefante en una cacharreria, en el que sería el gran negocio del ladrillo. Es preciso recordar que en núcleos urbanos como Bilbao, a finales de los años 50, el 46% de las viviendas seguían siendo en alquiler y con la política instaurada por Arrese, en tan solo unos pocos años llevaría hasta casi su desaparición. Sería a partir de entonces la iniciativa privada, la que marcaría las pautas de desarrollo de las ciudades, las líneas arquitectónicas a seguir, decidiendo donde, cómo y cuando se construiría.

Los promotores inmobiliarios crearon falsas expectativas sobre lo que debía de ser una vivienda, dandole importancia a lo comercial, imponiendo una arquitectura banal y repetitiva. Llegaron a hacer de numerosas ciudades vascas, sobre todo de Bilbao y de los nucleos urbanos de ambas márgenes de la ria del Nervión, absurdos urbanísticos, que sufrían el ahogo de sus calles con carencias de edificios de servicios, parques y zonas de recreo. Las fábricas siguieron erigiendose junto a las viviendas con la consiguiente contaminación ambiental, llegaron a fomentar una especulación descomunal con el suelo y con los pisos deshabitados, que fue lo que hizo de esta política un negocio muy lucrativo. El suelo se revalorizó hasta precios insospechados dada la cada vez mayor demanda de suelo y su consiguiente escasez.

Posteriormente se fueron decretando nuevas leyes y reglamentos como la ley de Viviendas de Protección Oficial, que no resultó ser sino otro intento de fomentar el concurso de la iniciativa privada en la edificación de viviendas, tal y como lo fue en 1976 con la ley de Viviendas Sociales.

Los grupos de presión financieros de la vivienda, a través de la publicidad, fueron los principales culpables de crear una falsa expectativa de lo que debía de ser una vivienda. La publicidad estaba concebida unicamente para servir a los intereses particulares de sus promotores llegando a imponer un tipo de vivienda y la necesidad de vivienda, pero con fines bastardos. Todo esta maquinaria que se encontraba en las mismas manos, desde la cual lo que hicieron no fue sino imponer una asfixiante presión a sus usuarios por lo insuficiente de la superficie de la vivienda, por su continua repetición, por su infima calidad y su segregada situación: la vivienda había pasado de ser objeto de uso a serlo de consumo.

El Ministro de la Vivienda, Vicente Mortes, en 1970, reconocía el fracaso de la política sustentada por su gobierno, cuando sostenía que al mirar a las ciudades, no había motivos para sentirse satisfechos, edificios triplicados en altura, circulación imposible en las calles, edificios extraños a su naturaleza, un colosalismo interesado, las evidentes consecuencias de la especulación que se convirtió en un negocio lucrativo y tolerado por todos. Al amparo de las ayudas oficiales se construyeron muchas viviendas de lujo y decrecían las sociales, lo que produjo una inflación de lo superfluo, se edificaba para vender y no para alquilar proliferando los pisos deshabitados.

Ante algunos intentos de intensificar las viviendas en alquiler a precios asequibles, esta pretensión chocaba con la mentalidad que se impuso desde que Arrese fue ministro, dado que la siguieron fomentando los sucesivos ministros de la Vivienda, que es preciso recordar pertenecían todos a la Falange (José María Martínez Sánchez Arjona, Vicente Mortes, Utrera Molina…) Acabó siendo un grave problema, dado que de la experiencia Europea se tomó lo peor, sin comprender que se podía ser arrendatario de vuelo pero no de suelo o que se podía pagar una canon de superficie sin ser propietario del solar. No estaban siquiera preparados para la permuta de viviendas entre inquilinos.

La política estatal prosiguió siendo durante décadas la de proveer de suelo al privado y facilitar una vivienda en propiedad. Cuya consecuencia principal fue el aumento del precio del suelo en la trama urbana bilbaína, que en pocos años llegó a ser extraordinario. La iniciativa privada controlaba el valor del suelo, usurpando un uso social, porque controlando el valor del suelo controlaban el destino del proyecto. En ningún momento se abordó el problema con una conciencia científica de estrategia rigurosa porque permanecía envuelta en una ideología rentable sobre todo para el campo demagógico, consecuencia lógica en una sociedad en que las élites gestoras marginaban la realidad por la evasión permanente.

Detras de todos los problemas que sufría la ciudad, se encontraba una delictiva gestión de las inmobiliarias, que ejercían una mafiosa dictadura desde sus consejos de administración, puesto que eran enclaves monopolistas, basados en subterfugios legalistas de la especulación del suelo con la presencia plena de ambiguedades y rigorismos en la ética municipal. Resultó ser una política inútil, con instrumentos ineficaces, inviables economica y políticamente, lo que finalmente hacia imposible ponerlos en practica. Aquel crecimiento desorbitado de los precios del suelo edificable era debido a la intensificación  del proceso de concentración urbana en paralelo con la rigidez de la oferta, lo cual permitía y potenciaba el comportamiento monopolístico de los vendedores permitiendoles elevar indiscriminadamente los precios sin que se redujera el número de demandantes. El excesivo precio del suelo derivaba de la escasez de suelo urbano que existía y que a su vez tenía unas causas, como la permanencia de un régimen de uso del suelo, lo que hacía posible la retención por parte de los propietarios con fines especulativos.

Los legisladores siguieron considerando la necesidad de crear suelo impulsando este, con creaciones masivas y ayudandose del perverso sistema de expropiación como el más eficaz instrumento de gestión urbanística. Aquella ley del Suelo que vendió el franquismo en 1975, no constituyó un documento de interés para la ordenación del proceso de producción del espacio desde una perpectiva social, ya que no supuso sino una adecuación de la anterior ley de 1956 a los nuevos intereses del capital monopolista, ya que fomentaba graves costos sociales. No era sino un reconocimiento de la incapacidad de la administración para dirigir y controlar los procesos de desarrollo urbano. Esta ley mantenía el caracter oscurantista y antidemocrático de la de 1956, ya que no articulaba la participación ciudadana, unicamente lo hacía a través de unos cauces caducos e ineficaces. Todo esto hizo que la ciudad perdiera su razón de ser por culpa de los conceptos capitalistas de la especulación del suelo, de donde se debian de sacar rendimientos desorbitados de capital y se elevaban torres de cemento sin ninguna creatividad. Significaba la aceptación del sistema de especulación dentro de formulas productivas de la ciudad. Se trataba, en sintesis, de toda una legislación y realidad al servicio de la especulación.

De todos es conocido la voracidad de las inmobiliarias privadas en busca de una máxima rentabilidad económica, al aprovecharse de una legislación y de unos dirigentes urbanísticos, yo diría más que conniventes. De facto, el número de inmobiliarias creadas durante estos años fueron en aumento hasta llegar a cifras extraordinarias en el conjunto del Gran Bilbao.

La iniciativa privada llegó a suscitar un conformismo de las formas arquitectónicas, un ocultamiento ideológico especulativo de sus productos, con idea de dar apariencia de cierto standing a viviendas cuya calidad era la misma que las sociales. Se diseño un decorado exterior susceptible de atraer al comprador con distintas modificaciones de las operaciones durante la ejecucion para ajustar el programa a las posibilidades con un único fín: obtener el mayor beneficio posible.

Durante años la política de venta de viviendas a través de la prensa escrita se hizo irresistible, con la venta de terrenos, la propaganda aparecía junto a los planos de las plantas de las viviendas que podía adquirir el posible cliente, describiendo su optima distribución, con fotos del exterior o del interior de la vivienda, que proporcionaba excelentes facilidades de pago y estaban exentas de impuestos, que les decían cómo les iba a facilitar la vida y es más, les aseguraban les haría la vida más feliz, al resolverles problemas como el del confort, en edificios con una excelente ubicación, y con jardines donde se les aseguraba se les redimiría del estres.

No obstante, la labor de toda esta maquinaria no hubiera sido factible sin la financiación estatal, herramienta que fue fundamental durante décadas. Ejemplos como el Banco de Credito a la Construcción o el Banco Hipotecario de España, se hicieron usuales, aportando miles de millones de pesetas para estimular la actividad constructora de viviendas por la inicitiva privada. Gracias a esta política facilitaron la actividad de las grandes entidades financieras españolas durante décadas, que no fue otra que realizar estudios en grandes concentraciones urbanas con un importante crecimiento vegetativo, para invertir a medio plazo, recuperar la inversión y obtener pingües beneficios, siempre sobre solares cuyas referencias y actividades fueran transparentes. Tras un análisis de mercado, se observaba el déficit, las necesidades futuras y las expectativas de rentabilidad basados en los cálculos sobre millones de viviendas en propiedad. Los bancos estimaban en 1975 que para el año 2000 serían necesarias construir en todo el estado español 14,8 millones de viviendas.

Resulta sorprendente, que una vez corroborado el fracaso del régimen franquista, las actuales autoridades hayan seguido fomentando décadas después la vivienda en propiedad y hayan acabado convirtiendose en co-causantes de la especulación actual junto a las entidades financieras. Toda esta mala experiencia les debería de haber llevado a defender lo que es más justo socialmente, la vivienda en alquiler, pero un alquiler acorde a una pequeña parte de su sueldo, para todas aquellas personas que dada su imposibilidad económica no pueden acceder a una vivienda digna. Sé que tal vez no sea politicamente correcto sostener lo que voy a decir, pero esta política desarrollada hasta ahora no es sino un fraude y un escándalo, porque cómo se le denomina a que se expropien unos terrenos particulares para que se construyan unas viviendas para darlas en propiedad a un futuro especulador, dado que lo único que se fomenta con esta política es la especulación y no resuelve el problema. Las administraciones públicas son las que deberían de quedarse en propiedad la vivienda, así se harían con un importante patrimonio que se cedería en alquiler, ya que otra de las grandes mentiras legadas por el franquismo es que tengamos que adquirir una vivienda en propiedad, porque yo me pregunto ¿a quien beneficia realmente esta política? Juzguen ustedes.

Luis Bilbao Larrondo (Historiador)

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El ultimo articulo de Luis Bilbao Larrondo publicado en DEIA

Tribuna Abierta

Bilbao y Estados Unidos: seducción y fascinación

* Historiador, Por Luis Bilbao Larrondo – Viernes, 22 de Julio de 2011luis bilbao larrondoEN una de sus más destacadas publicaciones, el profesor Joseba Zulaika propugnó que fue producto de una seducción que la corporación museística estadounidense Guggenheim se asentara en Bilbao. No obstante, aquella seducción, aquella fascinación que ejercieron los Estados Unidos sobre Bilbao, no se trataba de un léxico que podamos considerar ni desconocido ni extraño, porque lo llevábamos sustentando desde hacía varias décadas. Y es que durante los años del Desarrollismo Económico del periodo franquista hubo ya un reconocimiento y una admiración por el extraordinario progreso técnico y económico de aquel país que sedujo no solo a arquitectos e ingenieros bilbainos sino también a políticos y empresarios. La llegada de las masivas inversiones económicas estadounidenses al Gran Bilbao dio lugar tanto a la conformación de un imaginario basado en la metáfora del progreso como a la configuración de una sociedad del consumismo.

La élite financiera e industrial de Bilbao, a través de algunos de sus miembros más destacados, Félix Lequerica o José María Areilza, quienes siendo embajadores en los Estados Unidos posibilitaron establecer el pacto de Ayuda Mutua entre España y EE.UU. que sirvió para sacar a la dictadura española del más absoluto de los aislamientos a nivel internacional, aportó importantes relaciones empresariales que terminaron captando buena parte de aquel capital estadounidense que llegaba a la España de Franco y que acabó en su mayoría destinado a la ampliación de empresas ubicadas en el Gran Bilbao.

Hubo propuestas como la edificación de la Feria de Muestras de Bilbao que acabó convirtiéndose en la imagen de un nuevo Bilbao, que trasmitió la idea de que modernidad y consumismo iban unidos, a través de innovadores materiales, sistemas, tecnologías y sus correspondientes catálogos y otros sistemas de tipo propagandístico. Los laboratorios Torrontegui de la Escuela de Ingenieros de Bilbao fueron otro de esos dispositivos estándares de gran trascendencia en el mundo científico-económico y que funcionaron gracias a las aportaciones de capital, de maquinaria y equipos, a través de las donaciones estadounidenses y la Fullbright Act. La élite financiera e industrial fue más lejos y suscitó el hermanamiento de Bilbao a la ciudad del acero de Pittsburg, la urbe que se instituyó en todo un modelo para los dirigentes locales de lo que debía de ser Bilbao.

De facto, AHV y el Banco Industrial llegaron a sendos compromisos con algunas de sus principales empresas que invirtieron en Bilbao, como United States Steel o Westinghouse además de lograr acuerdos financieros con el Export-Import Bank. Otras entidades como la Gulf Oil Company posibilitaron que con sus inversiones se erigiera tanto la refinería de Petronor como que se construyera el Superpuerto.

Los viajes de varios técnicos bilbainos a los Estados Unidos durante los años 50, entre ellos Eugenio Aguinaga, Félix Iñiguez de Onzoño o Antonio Zalbidegoitia, tuvieron pocos años después su proyección sobre Bilbao. La publicación de las memorias de esos viajes editadas por el Ministerio de Industria, la divulgación de numerosos artículos desde revistas profesionales o de artículos desde la prensa escrita en torno a estos viajes y sobre los temas estudiados -tales como los rascacielos, los centros comerciales, centros culturales, la planificación y la política urbana… de las ciudades estadounidenses que visitaron- llevaron a despertar profunda admiración por aquel american way of life. A su vuelta pudieron disertar en varias conferencias y exposiciones en torno a esa arquitectura, explicaron la fascinación que les causó aquella meticulosidad de los proyectos, por el aprendizaje con la estandarización de los elementos constructivos, por aquella prodigiosa organización de la industria de la construcción, con sus completos catálogos de materiales, con sus increíbles medios de transporte, que fomentaban el trabajo interdisciplinar, en equipo. Aunado al impacto que supuso para estos técnicos las entrevistas que mantuvieron con los grandes iconos de la arquitectura americana (Frank Lloyd Wrigth, Richard Neutra, Walter Gropius, Mies Van der Rohe, Louis Khan…( o con los técnicos de los principales estudios de arquitectura e ingeniería (Skidmore, Owings y Merril de Nueva York, Pereira y Luckman de Los Angeles o Shaw Metz y Dolio de Chicago).

Eugenio Aguinaga, tras su viaje por los EE.UU., diseñó dos significativos proyectos: la urbanización y el pabellón del club de Golf de La Galea, lugar de encuentro y de ocio de la élite financiera e industrial de Bilbao, consecuencia de su visita a Taliesin West de Frank Ll. Wright, y el shopping center de Zabalburu, que resultó una copia formal de otro edificio americano. Otro arquitecto bilbaino, Javier Sada de Quinto, diseño cuatro rascacielos en Deusto que pretendió edificar a través de un innovador sistema constructivo de patente norteamericana.

Posteriormente, se proyectó el nuevo Banco de Vizcaya, en el Ensanche, un edificio financiero que respondía a los anhelos de los banqueros bilbainos de erigir una residencia para los dueños de los destinos económicos de los españoles, proyecto de los arquitectos, José Luis Casanueva y Jaime Torres, que viajaron a Nueva York junto a José Chapa para constatar sus ideas con las de las realizaciones más destacadas de Manhattan. Se trataba de encontrar un edificio que sería el reflejo de aquel nuevo Bilbao emulando aquellas edificaciones que mejor representaban al Nueva York de los negocios como el Seagram Building de Mies van der Rohe, la Lever House de Gordon Bunsahft o el Chase Manhattan Bank de Skidmore, Owings y Merril.

La propia Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao reclamaba la ciudad de Nueva York como arquetipo para Bilbao, ante su orografía e imposibilidad de extenderse en horizontal, lo haría en vertical, a través de los rascacielos. Pero también profesaría la alegoría de Bilbao como la ciudad donde todo era posible, la ciudad de la metamorfosis, de los negocios, la ciudad del gesto orgulloso, donde tendría lugar la reverberación del poder y de la superioridad de los bilbainos, capaces de emprender cualquier cosa, hechos a sí mismos, a través de una ciudad brutal, que trataba de manifestar a través de este tipo de edificaciones de una escandalosa ostentación de la riqueza.

Los dirigentes bilbainos, a su vez, viajaron durante estos años a Nueva York, al Congreso de Municipios sobre política urbana y visitaron ciudades como Pittsburg, Nueva Orleans, Filadelfia… Al regresar lo hicieron con la intención de reproducir aquellas propuestas de grandes centros comerciales y aparcamientos en la periferia de la villa, lo que reestructuraría toda la trama urbana.

Los técnicos bilbaínos pretendieron proyectar infraestructuras, arterias, túneles y puentes alrededor de la ría del Nervión basados en proyectos estadounidenses (el Cobo Hall de Detroit, la autopista Lodge, el Holland Tunel entre Manhattan y Nueva Jersey o la Nueva York Thruway desde Pensilvania a Nueva York). Incluso hubo técnicos bilbainos que tras su viaje por EE.UU. plantearon un parque de atracciones en el monte Ganguren basado en el parque de Walt Disney de Orlando como nuevo ámbito de ocio para los bilbainos. Y es que trataron de reproducir también los modelos de proyectos de parques naturales de California en Urquiola, Orduña o en el Gorbea.

La prensa escrita de Bilbao, llevada por aquella fascinación, llegó a publicar la posibilidad de reproducir el Plan Bertrand Goldberg de Chicago con varias torres, con un uso mixto residencial y de centros comerciales además de las propuestas de viviendas prefabricadas en Missouri y la ciudad experimental de Minnesota, de Athestan Spilhaus, como factible extensión de Bilbao.

Desde la delegación de Bizkaia del COAVN llegaron a denunciar las consecuencias de aquellos pretenciosos anhelos empresariales por tratar de reproducir aquellas ciudades y aquel estilo de vida en un momento en que los debates internacionales en torno a la ciudad criticaban las situaciones existentes y trataban de hallar nuevas vías practicables de invención arquitectónica.

En opinión de algunos reputados arquitectos como Antonio Fernández Alba, Rafael Moneo, Rufino Basañez, Juan Madariaga o el sociólogo Mario Gaviria, que formaron parte del jurado del premio de arquitectura Pedro Asúa en Bilbao en 1970, sus críticas no fueron únicamente contra quienes habían permitido aquel efecto de ruptura del Ensanche por el rascacielos del Banco de Vizcaya sino que en la mayoría de construcciones se llevase a cabo lo popular en EE.UU., denostando la arquitectura propia, así como haber establecido una postura capitalista de beneficios como única meta o haber llevado a la triste mecanización de las edificaciones, a la anulación del hombre y a que hubiesen acabado convirtiendo a los arquitectos en fríos técnicos y economistas.

La influencia estadounidense sumió a Bilbao en un contexto difícil de ponderar como consecuencia de aquella quimérica pretensión de los financieros e industriales bilbainos, llevados por aquella obsesión, al tratar de reproducir aquellas propuestas constructivas, aquel estilo de vida, sin pensar en las consecuencias y que lo único que consiguieron fue que acabara causando a la villa de Bilbao la mayor crisis urbana de toda su historia.

La siguiente ascendente estadounidense, con el efecto Guggenheim, supuso para Bilbao, por el contrario, un efecto rehabilitador, tanto urbano como económico. Allí donde fracasó estrepitosamente el franquismo y aquellas fatuas ambiciones de su élite financiera e industrial, la metrópoli contemporánea, en cambio, ha terminado superando cualquier expectativa, conjugando cultura como medio y capitalismo como fin.

http://www.deia.com/2011/07/22/opinion/tribuna-abierta/bilbao-y-estados-unidos-seduccion-y-fascinacion

Bilbao y EE.UU.: seducción y fascinación

Bilbao y los EE.UU.: seducción y fascinación

En una de sus más destacadas publicaciones, el profesor Joseba Zulaika sustentó que fue producto de una seducción que la corporación museística estadounidense Guggenheim se asentara en Bilbao. No obstante, aquella seducción, aquella fascinación que ejercieron los Estados Unidos sobre Bilbao, no se trataba de un léxico que podamos considerarlo ni desconocido ni extraño, porque lo llevábamos asimilando desde hacía varias décadas. Y es que durante los años del Desarrollismo Económico del periodo Franquista hubo un reconocimiento y una admiración por el extraordinario progreso técnico y económico de aquel país, que sedujo no solo a los arquitectos e ingenieros bilbaínos sino que también a los políticos y empresarios. La llegada de las masivas inversiones económicas estadounidenses al Gran Bilbao, dio lugar tanto a la conformación de un imaginario basado en la metáfora del progreso como a su vez se fue configurando una sociedad del consumismo. Sin embargo, las pretensiones de los dirigentes bilbaínos iban mucho más allá de cualquier idea preconcebida.

Un modelo económico

La élite financiera e industrial de Bilbao, a través de algunos de sus miembros más destacados, Félix Lequerica o José María Areilza, quienes siendo embajadores en los EE.UU., llegaron a establecer no solo el pacto de Ayuda Mutua entre España y EE.UU. que sirvió para sacar a este régimen dictatorial del más absoluto de los aislamientos a nivel internacional sino que para aportarles importantes relaciones empresariales que terminaron captando buena parte de aquel capital estadounidense que llegaba a la España de Franco y que acabó en su mayoría destinado a la ampliación de empresas ubicadas en el Gran Bilbao. Hubo propuestas como la edificación de la Feria de Muestras de Bilbao que acabó convirtiéndose en un modelo, reflejo de un nuevo Bilbao, que trasmitió la idea de que modernidad y consumismo iban unidos, a través de innovadores materiales, sistemas, tecnologías y sus correspondientes catálogos y otros sistemas de tipo propagandístico. Los laboratorios Torrontegui de la Escuela de Ingenieros de Bilbao fueron otro de esos elementos estándares de gran trascendencia en el mundo de la construcción y que funcionaron gracias a las aportaciones económicas, de maquinaria y equipos, a través de las donaciones estadounidenses y la Fullbright Act. La élite financiera e industrial fue más lejos y suscitó el hermanamiento de Bilbao a la ciudad del acero de Pittsburg, la urbe que se instituyó en todo un modelo para los dirigentes locales de lo que debía de ser Bilbao. AHV llegó a compromisos con algunas empresas que invirtieron en Bilbao como United States Steel, Westinghouse y lograron acuerdos financieros con el Export-Import Bank. Otras entidades como la Gulf Oil Company posibilitaron que con sus inversiones se erigiera tanto la refinería de Petronor como que se construyera el Superpuerto.

El espejo en donde reflejarse

Los viajes de varios técnicos bilbaínos a los Estados Unidos durante los años 50, como Eugenio Aguinaga, Félix Iñiguez de Onzoño o Antonio Zalbidegoitia, tuvieron su posterior influencia en Bilbao. La publicación de las memorias de esos viajes editados por el Ministerio de Industria, la publicación de numerosos artículos desde revistas profesionales o de artículos desde la prensa escrita en torno a estos viajes y sobre los temas estudiados como los rascacielos, los centros comerciales, centros culturales, la planificación y la política urbana…de las ciudades estadounidenses que visitaron, les llevó a admirar profundamente aquella arquitectura. A su vuelta pudieron disertar en varias conferencias y exposiciones en torno a esa arquitectura, en las que explicaban la fascinación por aquella meticulosidad de los proyectos, el aprendizaje con la estandarización de los elementos constructivos, aquella prodigiosa organización de la industria de la construcción, con sus catálogos de materiales, medios de transporte, que fomentaban el trabajo interdisciplinar en equipo. Aunado al impacto que supuso para estos técnicos las entrevistas que mantuvieron con los grandes iconos de la arquitectura americana Frank Lloyd Wrigth, Richard Neutra, Walter Gropius, Mies Van der Rohe, Louis Khan…o con los técnicos de los grandes estudios de arquitectura e ingeniería de Skidmore, Owings y Merril de Nueva York, Pereira y Luckman de Los Angeles o Shaw Metz y Dolio de Chicago. Eugenio Aguinaga tras su viaje por los EE.UU. diseñó dos significativos proyectos, la urbanización y el pabellón del club de Golf de La Galea, lugar de encuentro y de ocio de la elite financiera e industrial de Bilbao, consecuencia de su visita a Taliesin West de Wright y el shopping center de Zabalburu una copia formal de otro edificio americano. Otro arquitecto bilbaíno, Javier Sada de Quinto, diseño 4 rascacielos en Deusto a través de un innovador sistema constructivo de patente norteamericana. El nuevo Banco de Vizcaya, en el Ensanche, fue un edificio financiero que respondía a los anhelos de los banqueros bilbaínos de erigir una residencia de los dueños de los destinos económicos de los españoles, proyecto de los arquitectos, José Luis Casanueva y Jaime Torres, que viajaron a Nueva York junto a José Chapa para constatar sus ideas con las de las realizaciones más destacadas de Manhattan. Se trataba de encontrar un edificio que sería el reflejo de aquel nuevo Bilbao emulando aquellas edificaciones que mejor representaban al Nueva York de los negocios como el Seagram Building de Mies van der Rohe, la Lever House de Gordon Bunsahft o el Chase Manhattan Bank de Skidmore, Owings y Merril. La propia Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao reclamaba la ciudad de Nueva York como arquetipo para Bilbao, ante su orografía e imposibilidad de extenderse en horizontal lo haría en vertical a través de los rascacielos. Pero también ejercería su simbología como la ciudad donde todo es posible, la ciudad de la metamorfosis, de los negocios, la ciudad del gesto orgulloso, la reverberación del poder y de la superioridad de los bilbaínos, capaces de emprender cualquier cosa, hechos a sí mismos, a través de una ciudad brutal, que trataba de manifestar una escandalosa ostentación de la riqueza. Los dirigentes bilbaínos a su vez viajaron a Nueva York al Congreso de Municipios sobre política urbana y visitaron ciudades como Pittsburg, Nueva Orleans, Filadelfia… regresaron con la intención de reproducir aquellas propuestas de grandes centros comerciales y aparcamientos en la periferia de la villa que reestructuraría toda la trama urbana. Los técnicos bilbaínos proyectaron infraestructuras, arterias, túneles y puentes alrededor de la ría del Nervión basados en modelos estadounidenses, el Cobo Hall de Detroit, la autopista Lodge, el Holland Tunel entre Manhattan y Nueva Jersey o la Nueva York Thruway desde Pensilvania a Nueva York. Incluso hubo técnicos bilbaínos que tras su viaje por EE.UU. plantearon un parque de atracciones para la Diputación Provincial en el monte Ganguren basado en el parque de Walt Disney de Orlando como nuevo lugar de ocio para los bilbaínos, y es que trataron de reproducir también los modelos de proyectos de parques naturales de California en Urquiola, Orduña o en el Gorbea. La prensa escrita de Bilbao llevada por aquella fascinación llegó a publicar la posibilidad de reproducir el Plan Bertrand Goldberg de Chicago con varias torres con un uso mixto residencial y de centros comerciales en el barrio residencial Marina City o propuestas de viviendas prefabricadas de Missouri o la ciudad experimental de Minnesota de Athestan Spilhaus.

The American way of life

Desde la delegación de Bizkaia del COAVN llegaron a denunciar las consecuencias de aquellos pretenciosos anhelos empresariales por tratar de reproducir aquellas ciudades y aquel estilo de vida cuando los debates internacionales en torno a la ciudad criticaban las situaciones existentes y trataban de hallar nuevas vías practicables de invención arquitectónica. En opinión de algunos reputados arquitectos como Antonio Fernandez Alba, Rafael Moneo, Rufino Basañez, Juan Madariaga o el sociólogo Mario Gaviria, que formaron parte del jurado del premio de arquitectura Pedro Asúa en Bilbao en 1970, sus críticas no fueron únicamente contra quienes habían permitido aquel efecto de ruptura del Ensanche por el rascacielos del banco de Vizcaya sino que en la mayoría de construcciones se llevase a cabo lo popular en EE.UU. denostando la arquitectura propia así como por haber establecido una postura capitalista de beneficios como única meta o haber llevado a la triste mecanización de las edificaciones, a la anulación del hombre y que habían acabado convirtiendo a los arquitectos en fríos técnicos y economistas. La influencia estadounidense sumió a Bilbao en una crítica situación difícil de ponderar como consecuencia de aquella quimérica pretensión de los financieros e industriales bilbaínos, llevados por aquella obsesión, con graves repercusiones, al tratar de reproducir aquellas asombrosas propuestas, sin pensar en las consecuencias y que acabó sumiendo a Bilbao en la mayor crisis urbana de toda su historia. Esta segunda ascendente estadounidense, con el efecto Guggenheim, ha supuesto, por el contrario, un efecto rehabilitador, tanto urbano como económico, allí donde fracasó el Franquismo y aquellos pretenciosos anhelos de su élite financiera e industrial, en cambio, la metrópoli contemporánea de servicios ha superado cualquier expectativa, conjugando cultura y economía.

Luis Bilbao Larrondo (Historiador)

Luis Bilbao Larrondo

el caudillo fascista

el caudillo fascista

 

 

Ahora, que se esta hablando tanto de las características del dictador fascista Francisco Franco; cuando desde la Academia de la Historia Española se disculpa el régimen asesino y genocida que fundó a sangre y fuego; traemos a colación de nuevo, el articulo publicado por el historiador Luís Bilbao Larrondo donde se aborda de forma sencilla y clara las características de las actuaciones del general fascista.

 Aquí podéis ver diferentes repercusiones del articulo en otros foros.

 

 Menos mal que existen historiadores objetivos y justos como Luis..

 El tema es importante, porque algunos siguen manteniendo como verdad las mentiras difundidas por los medios de comunicación de la Falange Española sobre las supuestas bondades paternalistas del dictador fascista.

http://www.otxarkoaga.com/afo/2011/05/10/el-franquismo-la-quimera-de-un-regimen-dictatorial/

 http://www.foroporlamemoria.info/2011/05/el-franquismo-efectos-de-su-paso-por-bilbao-y-bizkaia/

 http://www.nabarralde.com/eu/nabarmena/6661-el-franquismo-efectos-de-su-paso-por-bilbao-y-bizkaia

 http://www.deia.com/2011/05/19/opinion/tribuna-abierta/el-franquismo-efectos-de-su-paso-por-bilbao-y-bizkaia 

Para los que no tengaís el libro de Luis Bilbao Larrondo sobre la construcción en 1961 del Polígono de otxarkoaga y la política de viviendas falangista en la dictadura del General Franco (1936-1977), podeís mirar aqui:

el-poblado-dirigido-de-otxarkoaga-lbilbao

 Tambien podemos otras referencias y articulos de Luis  en la red:http://www.gara.net/paperezkoa/20091123/168155/eu/Eraiki-Bilboko-auzoen-ahotsa

 http://hedatuz.euskomedia.org/3865/1/25247261.pdf

 http://www.deia.com/2011/03/28/opinion/tribuna-abierta/el-consejo-general-vasco-ante-la-herencia-urbana-de-la-dictadura-franquista

 http://www.deia.com/2011/05/19/opinion/tribuna-abierta/el-franquismo-efectos-de-su-paso-por-bilbao-y-bizkaia

 http://ianasagasti.blogs.com/mi_blog/2011/04/el-consejo-general-vasco-ante-la-herencia-urbana-de-la-dictadura-franquista.html

Bilbao, ciudad del entretenimiento

Bilbao, ciudad del entretenimiento

Las críticas que se suceden en torno a la política urbana de Bilbao son difusas y apenas reseñables, que están más bien discernidas en el reproche, en la invectiva, en las pataletas de los partidos políticos en la oposición, carentes de un análisis mínimamente riguroso y científico. Las pocas voces discrepantes con el pensamiento urbano que plantea la administración pública, van en el sentido de criticar las políticas que llevan dimanando durante los últimos años y que si bien tienen su reflejo en ciertos medios de comunicación su incidencia es exigua en la sociedad. Porque la sociedad bilbaína en su inmensa mayoría, si hacemos caso a las encuestas, acepta este tipo de ciudad, que ha sido incluso avalada y ratificada en las urnas en las últimas elecciones municipales por los ciudadanos de Bilbao con una mayoría absoluta de Azkuna que ha sorprendido a propios y extraños. Al común de los bilbaínos parece ser que únicamente le interesa lo que ve, distingue una ciudad más limpia, percibe una ciudad por la que se puede pasear sobre todo alrededor de la ría, algo que hace 30 años era considerado una utopía. El bilbaíno advierte que se abren nuevas tiendas, nuevos negocios, nuevas posibilidades, que Bilbao se internacionaliza con la llegada masiva de turistas de alto standing. Un Bilbao que se da a conocer, que tiene algo que ofrecer, que se exporta. Nadie pone en duda que Bilbao hoy es reconocida internacionalmente. Vayas donde vayas, en cualquier parte del mundo habrá alguien que diga Bilbao, Guggenheim. No, no dirá ni su gastronomía ni otras atractivas facetas que pueda ofrecer la ciudad, dirá Guggenheim. Hace años nos ilustró el profesor y arquitecto Antonio Román en una de sus clases sobre las consecuencias del efecto Guggemhein una vez fue inaugurado el museo, que al solicitarle a un estudio de Nueva York que le enviara un proyecto, él les instó a que lo hicieran a su estudio en Bilbao, ¿sabéis donde está Bilbao? les espetó, y estos arquitectos le manifestaron “por favor, como no vamos a saber dónde está Bilbao, cómo no vamos a conocer la ciudad dónde está ubicado el museo Guggemhein”. Si no llega a ser por el efecto Guggemhein, seguramente la respuesta hubiese sido otra bien distinta.
Una nueva ciudad había surgido en torno al Guggenheim, tal y como sostenía Theodor Adorno, lo más conocido es lo más famoso y el éxito le acompaña, con edificios de grandes firmas, de reputados nombres de la arquitectura mundial, Gehry, Foster, Pelli, Stern, Moneo, Calatrava…a quienes Leonardo Benévolo denominaba arquitectos integrados en el mercado de las imágenes, reconocibles, previsibles, amados por los críticos…con una estrategia en donde domina el mosaico de intervenciones grandiosas y circunscritas a una arquitectura del espectáculo que tiene por misión atraer cual museo al aire libre no importando otras cuestiones urbanas. Decía Kevin Lynch que la ciudad se había convertido en una experiencia artificial donde lo real y lo natural dejaban de existir. Una arquitectura como la de Las Vegas, a la que Robert Venturi la llegó a denominar arquitectura como símbolo, arquitectura de la comunicación, en donde la ciudad se vuelve perversa, llena de espacios proscritos, convertida en un lugar de perdición. Jean Baudrillard indicaba que el espectáculo nunca es obsceno, mientras hay alienación hay espectáculo, la escena nos excita, lo obsceno nos fascina. Michael Sorkin designó a este tipo de ciudad como parque temático, ciudad televisión, ciudad de simulaciones.
Acaso se trata de lo que ya planteó Le Corbusier, que ante nosotros se abre el vacío y el mundo se precipita en él. En donde ha quedado en Bilbao aquella arquitectura que propugnaba el genio de origen suizo, como el juego sabio, correcto y magnifico de los volúmenes reunidos bajo la luz. El arquitecto tiene por misión dar vida a las superficies que envuelven esos volúmenes sin que estos se conviertan en parásitos, devoren el volumen y lo absorban en su beneficio: triste historia la de los tiempos presentes. O como sostenía el gran Frank Lloyd Wright, el edificio no debe ser más que un rasgo del paisaje y no un ardid comercial, que no tiene ideal más alto de la unidad que el éxito comercial, porque de lo contrario la arquitectura acaba paseando por la calle como una prostituta. Esta es la consecuencia de un imaginario que nos han estado inculcando, basado en la metáfora del progreso, con una imagen que traslada Bilbao gracias a una nueva estética exhibicionista, como si fuese la mejor manera de mostrar un producto que trata de atraer, que cada vez se va popularizando más. Se crea una ilusión por una cultura del consumo, que si lleva ya años integrada en la mentalidad de los bilbaínos, esta, cada vez, está manifiestamente más presente. No sé cómo tomarlo, que se trate por nuestros dirigentes de exportar un modelo de ciudad cuando está sustentada principalmente por una sociedad tan conservadora, a la que se puede tachar de embaucadora, dado que se vende como modelo de algo irreal, ella en sí misma es una mera ilusión, una ficción, que se cree sus propias fantasías, mercantilizándose como algo que no es real.
Es curioso el cambio que se ha producido en Bilbao en los últimos años, sobre un suelo que en el pasado fue mayoritariamente público, propiedad de los bilbaínos, hoy en su mayoría es del privado, de unos pocos, usufructo de quienes pueden pagar el m2 más caro de todo el Estado. Acaso quiere decir que dentro de poco los propios bilbaínos dejarán de poder recorrer por esas zonas en torno al Guggemhein, en torno a la ría? Sí, si podrán, mientras este cumpla la función de escaparate, de espectáculo, de negocio, todo irá bien. Bilbao, gracias a ese cosmopolitismo del que muchos se jactan encarece el m2 por momentos y quienes no puedan asumir esos costos ¿que tendrán que hacer?, abandonar las zonas donde habitan del casco viejo, Bilbao La Vieja, Deusto, Zorroza, Olaveaga…? aunque me gustaría saber quiénes son los que realmente están detrás de muchas de las viejas propiedades y nos llevaríamos una sorpresa en muchos casos por su alto poder adquisitivo. Es el dominio de la especulación, el verdadero cáncer de la ciudad. En cambio el que no pueda hacer frente a esos precios tendrá que buscar vivienda en la periferia más extrema, en los barrios de Otxarkoaga, Uretamendi, Arangoiti, La Peña… o tener que irse a vivir fuera de Bilbao. El ser tan moderno y cosmopolita, me da la sensación que a la larga a la mayoría de los bilbaínos les va a salir muy caro. Pero tampoco debe de llevar a nadie a la sorpresa porque Bilbao es una ciudad con una política muy definida desde hace años y encaminada hacia el turismo de alto standing. Bilbao durante el siglo XX ha sido una ciudad fundamentalmente elitista, que ha creado ghetos, un apartheid del que sus propios habitantes en ocasiones no son conscientes, impulsado durante el franquismo durante 40 años ya que así se programó y a día de hoy en pleno siglo XXI apenas ha variado. Si reflexionamos en torno al devenir, Bilbao no es una ciudad a la que cualquiera pueda acceder sino que lo será tan solo para aquellas personas que tengan un alto poder adquisitivo. Una ciudad concebida para unos pocos.
Tal y como han sostenido en algunas de sus interesantes reflexiones los pensadores Fernando Vallespin, Félix Duque, Pedro Azara o Rafael Argullol, en unas conferencias en Bidebarrieta sobre la utopía, tampoco nos debe extrañar porque qué podemos esperar de una sociedad del espectáculo a la que se le insta a la contemplación, a un entretenimiento, que le anula el pensamiento, porque son tiempos de vivir el presente, sin expectativas, lo que ha dado lugar a una generación sin futuro, que les ha llevado a dejar de creer. La última crisis económica, que por momentos hizo creer a más de uno lo peor, en torno a los últimos coletazos del sistema capitalista, porque el estado de bienestar está cada día más cuestionado y en peligro de desaparecer, el calentamiento global, las consecuencias sobre el control en torno al genoma humano…todo es perplejidad, inseguridad y desorientación. Únicamente nos dedicamos a mantener lo que tenemos, tratando de hallar mecanismos de defensa frente a un futuro indeseable. Puede que se deba a que el ser humano no dé más de sí. La incertidumbre, la incredulidad están presentes porque no creemos en la política, ni en los políticos para que cambie esta sociedad ni este tipo de ciudad. Es más, los consideramos como los culpables de todo lo que está sucediendo por su incapacidad, sin embargo, luego vamos a votarles. Hay algo que no se corresponde. Sino, reflexionad sobre el porqué de estos levantamientos espontáneos de millares de personas que arremeten contra el sistema, el problema no es votar para castigar o premiar a alguien, sino evidenciar lo perverso que es el propio sistema y cómo encaminar ese desencanto, esa desilusión, hacia algún tipo de mecanismo que ayude a modificarlo. El miedo entre los políticos (que no tratan de hallar verdaderas soluciones sino que pretenden perpetuarse en un sistema que hace aguas por todos lados, como los tiranos a punto de ser derrocados y que se aferran a un trono que no les pertenece) es que llegue a suceder algo parecido en Europa a lo que ha acontecido en Egipto, Túnez, Siria, Yemen…están asustados, desorientados porque no saben cómo hacerle frente. Una turba enfurecida y un sentimiento que se puede extender como una metástasis, ese es su miedo, la falta de control. De momento no ha prendido la mecha, pero con la próxima vuelta de tuerca sucederá, por una sencilla razón, porque la gente cuando no tiene expectativas de futuro, cuando la crisis se cebe de verdad en la gente, cuando dejen de tener esperanza en el devenir, es entonces cuando sucederán ese tipo de revueltas en Europa, simplemente por ser la única posibilidad que tendrán de respuesta.
Si tendría que definir a Bilbao hoy, lo haría como una ciudad que me recuerda a una obra pictórica titulada “De compras” de Inka Essnhigh, con una sensación visual embaucadora, fascinadora, seductora, en la que aparecen expresadas las vidas banales en imágenes distorsionadas de la ciudad contemporánea, convertida en una sátira de las zonas residenciales, de las vidas intrascendentes, en donde se refleja la hipocresía y la estupidez de nuestro tiempo.

Luis Bilbao Larrondo (historiador)

El Franquismo: la quimera de un régimen dictatorial

bilbao 1937El franquismo: la quimera de un régimen dictatorial

El ilusionista es aquel que produce efectos ilusorios, engañosos, ficticios, mediante artificios y trucos…De Franco y su régimen podemos sustentar que fueron unos grandes ilusionistas, máxime cuando parte de esa ficción, de ese engaño, pervive hasta nuestros días. A día de hoy se siguen argumentando las mismas falacias, después de décadas de desaparición del régimen, por culpa no solo de algunos medios de comunicación en manos aún de quienes en su momento sustentaron la dictadura sino por culpa de muchos historiadores, que a fuerza de repetirlas y de caer en los mismos tópicos e invenciones del servicio de propaganda franquista, acabaron tomando como verdades algunas de aquellas tergiversaciones de la realidad que no se investigaron con la suficiente profundidad ni rigurosidad científica.

Franco en Bilbao

La prensa escrita del régimen franquista en Bilbao -El Correo Español/El Pueblo Vasco, La Gaceta del Norte y Hierro- durante los días posteriores a la muerte de Franco, recordaban con un entusiasmo exacerbado, las siete veces que había estado el dictador en Bizkaia en visita oficial. La primera vez fue el 19 de Junio de 1937, cuando la propaganda franquista sostuvo que Franco liberó Bilbao del desgobierno y caos de los rojos y separatistas. A pesar de que todos sabemos que fue un golpe de estado militar contra la legalidad vigente de un gobierno tanto autonómico como municipal elegido en las urnas democráticamente por los vascos en general y por los bilbaínos en particular. La segunda vez que estuvo fue el 19 de Junio de 1939, en el segundo aniversario de la toma de Bilbao por sus tropas. En su alocución sostuvo que no le temblaría la mano en las tareas de la paz como no lo hizo en las de la guerra. En esta ocasión se refería al régimen represivo que instauró como toda buena dictadura que se precie. La tercera vez fue el 19 de Junio de 1944, otra vez en el aniversario de la ocupación de Bilbao por las tropas franquistas celebrándolo con la parada militar a lo largo de la Gran Vía. La cuarta vez fue el 19 de Junio de 1950, una vez más en los actos de aniversario de la conquista de Bilbao. La quinta vez fue en Bermeo y Pedernales el 16 de Agosto de 1955. La sexta vez fue el 26 de Agosto de 1958 cuando llegó a la apertura de la Feria de Muestras en Bilbao, en donde según la prensa del régimen, fue cuando advirtió a lo lejos el cinturón de chabolas que rodeaban Bilbao en los montes cercanos, interesado por el tema, al poco tiempo nacía el poblado de Otxarkoaga para erradicar aquel chabolismo. Lo que omiten es que detrás de esa decisión meramente paternalista estaban las tremendas presiones a las que tuvieron que hacer frente desde Madrid por parte de los empresarios, la iglesia y las propias autoridades bilbaínas. La última vez que estuvo Franco en Bilbao, fue el 19 de Junio de 1964, una vez más en los actos conmemorativos de la toma de Bilbao por sus tropas. En este último viaje inauguró el polígono de Otxarkoaga, nada más hacerlo ya se requerían por parte de las autoridades locales cuantiosas partidas económicas para hacer frente a los numerosos problemas constructivos y urbanísticos que se habían producido.

La patología de una dictadura

Fue algo común de esta dictadura que muchos de los proyectos que aseguraban ejecutarían, en exiguas o en ninguna ocasión se hacían realidad. Ejemplos los hubo muchos y de distinto calibre, como con aquellas infraestructuras que nunca se llegaron a erigir así como todas las magnas obras que supuestamente iban a realizar, según exponían con gran boato en los medios de comunicación. Fue todo un modelo instituido el hacer creer algo que nunca sucedería, ya que nunca se llegaron a materializar o para cuando se hicieron lo fueron tardíamente, ya en periodo democrático. Estas actitudes de Madrid para con Bizkaia, según denunciaban distintos medios, beneficiaron a provincias de fuera del ámbito vasco y perjudicaron gravemente a Bilbao. Otro de los grandes absurdos del franquismo fue cómo se iba a creer a unas autoridades y a sus equipos de gobierno que iban a resolver el gravísimo problema de la contaminación, tal y como sostenían, si eran ellos mismos quienes formaban parte del consejo de las empresas que emanaban gases y productos altamente tóxicos para la población. Era un auténtico disparate llegar a creer que quienes eran dueños de esas industrias fueran en contra de sus propios negocios que les reportaban cuantiosos beneficios. Lo que si se les puede achacar es de haber llegado a convertir a Bilbao en la ciudad más contaminada de Europa. Otra de las grandes paradojas que se suscitaron fue que todo el dinero que se recaudaba anualmente en Bizkaia e iba a Madrid, no revertía. A pesar de ser Bizkaia una zona eminentemente rica e industrial quedó siempre incompresiblemente apartada de las políticas del gobierno, de sus tan aclamados planes de desarrollo económico. Las denuncias que se realizaron por varios medios de comunicación del propio régimen, tenían una mayor verosimilitud, porque contradecían los argumentos que llegaban desde Madrid, ya que según propugnaban las autoridades, el dinero recaudado en Bizkaia iba destinado a las zonas menos desarrolladas de España. Sin embargo, dicha premisa suponía otra ficción más del régimen franquista porque según denunciaban estos mismos medios de comunicación la mayoría del dinero vizcaíno se invirtió en obras e infraestructuras de Madrid y Barcelona mientras dejaban morir de inanición a Bizkaia. Lo que da idea de lo que realmente había detrás de esa actitud hacia Bilbao era más bien la manifestación de un plan perfectamente orquestado además del evidente síntoma de una patología común entre las autoridades franquistas; el engaño y la mentira compulsiva aunada a la repentina pérdida de memoria una vez llegó la democracia, ya que llegaron, incluso ante todas aquellas terribles evidencias, a negar lo innegable.

Lo que sí dejó Franco en Bilbao

Lo que sí dejó Franco, sin haber hecho aún acto de presencia la crisis económica, fue entre otras mezquindades, la mayor crisis urbana de la historia de Bilbao y de una mayoría de ciudades de Bizkaia y de Gipuzkoa. Lo curioso es que siempre que podían desde sus medios de comunicación, se habían encargado de arremeter una y otra vez contra lo que ellos señalaban era el desastre de ciudad que era Bilbao cuando era gestionado en la época de la República, por rojos y separatistas. Este era otro de sus falaces argumentos para validar su golpe de estado, así nos querían hacer creer que estaba justificado lo injustificable. La delegación en Bizkaia del Colegio de Arquitectos lo desmentía cuando todavía Franco no había muerto, tras un pormenorizado estudio arquitectónico, urbanístico y cultural, sostenían que desde precisamente la República, no se había hecho nada reseñable por Bilbao y que esencialmente la actitud de los políticos del ayuntamiento de Bilbao de aquella época republicana, era el espíritu de hacer ciudad que había que recuperar, porque la política de los dirigentes franquistas había supuesto la mayor de las catástrofes para Bilbao. Comprendo que no fue únicamente por haber tomado como suyos los criterios del capitalismo puro y duro, cuando perdió la ciudad su razón de ser, sino que fue, -tal y como denunciaban varios partidos políticos de izquierdas en sus programas políticos a las elecciones municipales de Abril de 1979-, una anarquía programada por la propia élite financiera e industrial local, el pilar sino principal si uno de los principales en los que se sustentaba el franquismo.

Luis Bilbao Larrondo (Historiador)