Crónica de una realidad anunciada: la Mafia está en Euskal Herria

Crónica de una realidad anunciada: la Mafia está en Euskal Herria

Leí hace unos meses el libro “Mafia export”, del profesor de Historia y Sociología de las organizaciones delictivas de la Universidad Dell´Aquila, Francesco Forgione. Esta publicación es consecuencia de sus investigaciones y de su experiencia tras haber desempeñado el cargo de presidente de la Comisión Parlamentaria Antimafia en Italia. Es todo un experto que ya ha escrito varios libros sobre la Mafia. Desde entonces vive amenazado.

En este estudio te explica la extensión, la globalización de la Mafia, pero he de decir que lo que más me interesaba era todo lo referente al caso español, ya que denomina a España como el punto de llegada de todas las rutas de droga desde África y Sudamérica. En el narcotráfico mundial quien controla España controla el mercado Europeo. Detalla en el libro cómo es considerada para la mafia como una zona crucial, además de zona franca, lugar de encuentro para tratas y negocios, en donde residen desde hace años prófugos ilustres de la mafia. Él se refiere a los miembros de la Camorra napolitana, la Ndrangheta calabresa y la Cosa Nostra siciliana, con unos métodos de intervención muy parecidos a los de la mafia rusa o la Triada china que llevan también tiempo actuando por toda la península.

Denuncia Forgione que para los políticos españoles la mafia nunca ha representado una prioridad, porque se han volcado exclusivamente en la lucha contra ETA, tal vez porque, y es una reflexión que me hago, detener mafiosos no proporciona réditos políticos. La mafia va allí donde percibe oportunidades de negocio y el que ETA desparezca lo consideran beneficioso porque proporciona una estabilidad política y económica que favorece los negocios y eso es lo importante para los mafiosos, porque muchos de los países de donde provienen son inestables tanto política como económicamente. A lo que es preciso aunar que no existen en la legislación española herramientas de lucha específica contra la mafia, porque no está tipificado el delito mafia, la confiscación de bienes y patrimonios delictivos resulta muy compleja y el régimen penitenciario para los mafiosos es uno de los más permisivos de Europa.

Por otra parte, les resulta muy fácil invertir dinero en el turismo y en los mercados inmobiliarios españoles, en tiendas, restaurantes, hoteles e inmuebles para blanquear el dinero sucio proveniente de sus actividades delictivas. Destaca Forgione que no dejar rastro de los movimientos de dinero es la principal obsesión de la mafia. Además resalta la facilidad de movimiento que tienen y que desde la cárcel gestionan sus negocios como si estuviesen en un hotel ya que no tienen restricciones de visitas ni de llamadas.

El gobierno español no hace nada o hace la vista gorda, favoreciendo con su inactividad a empresarios que se enriquecen con la financiación sucia e ilegal de la mafia, así como suscita que cada vez haya más miembros de la judicatura y de la política que se corrompen. Según Forgione la mafia no podría existir sin la política. La corrupción produce un costo social cada vez menos soportable para el mundo. La mafia disipa recursos, destruye y envenena el medio ambiente, viola derechos humanos y compromete la democracia. Todo ello gracias a que se produce lo que él denomina la hipocresía del poder que se alimenta de los silencios.

Hace en su libro alguna que otra mención a los nuevos mafiosos que vienen de los países del Este, a los que denomina como los más rampantes capitalistas nacidos y crecidos en el modelo podrido y corrupto del comunismo soviético. Pone como ejemplo a los mafiosos rusos quienes, sostiene, son los más poderosos económicamente. Entre los detenidos de las redadas que últimamente se han producido en la comunidad autónoma de Euskadi algunos son “Vor v Zakone”, criminales de ley, la más alta categoría de la mafia rusa, como el mafioso detenido en Algorta, en el municipio de Getxo, hace no tanto tiempo, junto a varios miembros más de su familia. Se trataba, por lo que se ha podido saber, de uno de los más altos cargos de la organización que llevaba la contabilidad de una de las más poderosas familias de la mafia rusa. Otros dos de los detenidos también eran altos cargos de la organización criminal. Estában acusados de blanqueo de dinero, coacciones, extorsión, tráfico de drogas, tenencia de armas y conspiración de asesinato. Posteriormente se detuvo a un grupo de mafiosos georgianos en Vitoria-Gasteiz acusados de numerosos robos y en cuyo curriculum tienen el haber recibido adiestramiento militar. Todos hemos podido leer en la prensa que hace unos días se han detenido en Donostia a una veintena de mafiosos rusos acusados de diferentes delitos: asociación ilícita, extorsión, intento de secuestro, tráfico de drogas, hurto, falsificación y tenencia ilícita de armas. Desarrollaban su actividad tanto en Gipuzkoa como en Araba. Es algo que lo veíamos en las películas y que creíamos que nos quedaba muy lejano, pero que comprobamos que como consecuencia de la globalización, se está convirtiendo en algo habitual.

Lo más indignante de todo esto es que se nos trate con desdén a los ciudadanos por parte de nuestras autoridades, cuando en cierta ocasión le oí a un ertzaina, con cierta sorna y prepotencia, ante la cada vez mayor preocupación de la sociedad vasca sobre la mafia, que lo único que había en nuestra comunidad era alguna banda de albano kosovares que robaba cobre. Al igual que la consejería de interior del Gobierno Vasco del señor Ares que ha venido ocultando que aquí existiese toda una organización criminal asentada de la mafia. Parece que para este gobierno vasco y para este señor solo existe ETA, será por lo de los réditos políticos. Defiende el profesor Forgione que “La hipocresía cuando no la complicidad de quien no quiere ver las mafias son fruto de la corrupción, de la connivencia consciente o de infravaloración e incomprensión del fenómeno”. Considero que hay muchas razones, dada su trayectoria y experiencia, para avalar sus tesis, y en cambio, dudar de los políticos, de la judicatura y de los miembros de seguridad del estado, porque ellos son precisamente parte del problema.

Para corroborar lo que sustento, no hay más que ir a los cada vez más numerosos casos de corrupción, ya que en estos momentos hay cientos de policías y guardias civiles en prisión por corrupción además de casi un millar de causas abiertas contra cargos públicos españoles por este mismo delito. Aunados a los cada vez más conocidos casos de incluso subdelegados del gobierno acusados de tener vínculos con la mafia. Lo que permite que la mafia se adentre con suma rapidez en una sociedad tan corrupta.

Forgione asegura que la mafia parece que no existe hasta que aparecen las calles ensangrentadas y además acusa a las autoridades de omitir deliberadamente que existe detrás todo un capital mafioso. Cuando ocurre una matanza es cuando se empieza a hablar de la mafia tímidamente. Según Forgione, con la llegada de los mafiosos llega su lógica criminal y de muerte, chantaje, violencia y capacidad para condicionar a la sociedad. Se multiplican los casos de complicidad y corrupción de autoridades políticas y públicas, sobre todo de los Bancos y demás entidades financieras, que sin su colaboración, sería impensable para la mafia hacer lo que hace. El profesor Forgione sostiene que a las mafias hay que buscarlas precisamente donde no se ven. Allá donde van, siempre inician sus actividades con una misión de control del territorio, del ámbito económico empresarial y del político institucional.

Últimamente se han practicado varias detenciones de miembros de la mafia en la Comunidad Autónoma de Euskadi y no eran unos cualesquiera. Lo malo es que esto parece que no ha hecho más que empezar. Mi mayor inquietud es, si habrá todavía algún político, miembro de la judicatura o de la seguridad del estado, de esos que califica Forgione de hipócritas, capaz de negar su existencia y si serán plenamente conscientes de la verdadera dimensión de la gravedad que supone para la sociedad vasca el que hayan permitido que la mafia campe a sus anchas por nuestras ciudades.

Luis Bilbao Larrondo (Historiador)

El Consejo General Vasco ante la herencia urbana de la dictadura franquista

El Consejo General Vasco ante la herencia urbana de la dictadura franquista

Las transformaciones que empezaron a acontecer tras el periodo franquista implicaban profundas modificaciones institucionales y estructurales que hacían difícil predecir sus más inmediatas consecuencias. De todo ello se infería que acaecerían una serie de complejos cambios de mentalidad y de hábitos en muy poco tiempo y en amplios estratos de la sociedad vasca. La declaración política del Consejo General Vasco, entidad que gobernó el País Vasco durante 1978 y 1979, dejó en evidencia que sus facultades se encontraban totalmente limitadas, sujetas a un proceso de transferencias de competencias desde la administración central. La preautonomía no constituía una situación de autonomía plena sino un primer paso de definición territorial, implantando unas instituciones propias, acomodadas a ese momento. Como primera medida, habían previsto la recuperación de los derechos históricos de Bizkaia y Gipuzkoa, la derogación de las disposiciones de la Dictadura y la transferencia de las más amplias facultades de la administración central. Eran tiempos de recuperar el autogobierno, siendo un periodo corto de interinidad preautonómico y es que el urbanismo heredado era caótico, complejo y lo hacían muy limitados de medios. Para el Consejo General Vasco era vital contar con la capacidad de recaudación y fiscalización propia. Hubo partidos políticos como el EAJ-PNV que condicionaron cualquier tipo de decisión que se adoptase a que se aceptase esta reivindicación. Consideraban que no había otra opción, porque la situación era de tal gravedad económica en ayuntamientos como el de Bilbao, con una deuda de 6.144 millones de pesetas, que la única solución pasaba por recuperar los Conciertos Económicos que fueron abolidos por Franco en 1937.

Tiempos de pragmatismo

El abogado bilbaíno Juan José Pujana fue nombrado Consejero de Ordenación Territorial, Urbanismo y Medio Ambiente en sustitución del recién fallecido y miembro histórico del nacionalismo vasco, Juan de Ajuriaguerra. Pujana sustituía a Ajuriaguerra porque el EAJ-PNV pretendió conservar su peso político dentro del Consejo General Vasco y es que Pujana había sido colaborador de Ajuriaguerra en temas constitucionales y era secretario del Bizkai Buru Batzar. El BBB realizó un informe sobre estructuración y funcionamiento de la consejería, y sobre el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, ya que tenían interés en conocer su estructura porque la consejería nacía vacía del todo. Por lo que consideraron necesario, la creación de una comisión nacional de ordenación del territorio cuyo trabajo sería la preparación de informes, estudios y documentación para la elaboración del plan de ordenación del País Vasco. El EAJ-PNV ante los graves problemas de esa cartera, sostuvo que los temas técnicos exigían soluciones técnicas. Fue por lo que sugirió que el tipo de personas a las que se quería encomendar estas tareas fuesen de corte ejecutivo y no doctrinal ni teórico. Personas con profundos conocimientos en el sector y de los agentes operantes de una gestión económica y funcional adecuada, situando en los puestos de consulta a personas de reconocido valor teórico. El candidato para dirigir el urbanismo vasco fue el arquitecto bilbaíno José Miguel Abando. Se trataba de un profesional que tenía tras de sí una amplia experiencia de su paso por el gabinete técnico de la Corporación Administrativa Gran Bilbao. También era conocida su profusa actividad de ayuda a los movimientos ciudadanos y a los ayuntamientos a través de la Oficina de Información Urbanística que organizó junto al sociólogo Josu Barandika en la delegación de Bizkaia del COAVN. Abando a su vez, se rodeó de un buen equipo de arquitectos al frente de las direcciones territoriales, en Bizkaia, con Antón Aguirregoitia, en Gipuzkoa, con Javier Unzurrunzaga y en Araba, con Ignacio Galarraga. Las funciones de estos técnicos serían planear, desarrollar y aprobar políticas, además informarían y asesorarían a los municipios en planeamiento urbanístico, siendo una actividad de apoyo a las corporaciones locales en materia de planeamiento sin entrar en los campos de competencias exclusivamente municipales. Esta línea defendida por el consejero Pujana y su partido, demostraba, entre otras cuestiones, una decidida apuesta por una estrategia netamente pragmática.

El legado franquista en las ciudades

La situación con la que se encontraron en la consejería de Pujana, consecuencia de las actividades del régimen franquista, sobre todo en Bizkaia y Gipuzkoa, fue denominada por sus dirigentes de panorama extremadamente grave, con un crecimiento anárquico de las ciudades vascas, con una ausencia total de criterios urbanísticos. Se trataba de núcleos urbanos en situación insostenible, carentes de dotaciones de servicios públicos, inexistencia de zonas de expansión, con abundantes barrios marginales de estética desagradable. En definitiva, unas ciudades que llevaban 40 años, en un proceso de máximo deterioro. Los primeros objetivos de la consejería de Pujana fueron acercarse a la realidad del País Vasco, examinar sus problemas, concienciar a la opinión pública de la gravedad y abrir las puertas a la participación a todos los sectores afectados para evitar una política de dirigismo. El criterio de ciudad para esta consejería pasaba por una ciudad entendida por partes. Partes altamente formalizadas cada una de ellas y perfectamente identificables en el conjunto de la ciudad, donde cada una de ellas tuviera su personalidad, sus proporciones y equipamientos y no constituyeran lo que se conocía como barrio sino una ciudad dentro de una gran ciudad. El peso del urbanismo, a partir de aquellos años, lo llevarían las Diputaciones Forales y los municipios fundamentalmente.

Una visión técnica y política de aquella realidad

Las valoraciones de la consejería sobre aquella realidad eran corroboradas desde una perspectiva técnica por el urbanista Antón Aguirregoitia en una entrevista que le realicé, ya que sustentó que en Bizkaia, se encontró con unos municipios con unos planes generales y normas subsidiarias con un ínfimo nivel de calidad, muy dudosos, sin apenas aportaciones de análisis de diseño y ordenación urbana. Desde entonces, sostenía, se empezó a tomar parte en el urbanismo y se fue consolidando una nueva cultura urbanística que fue asimilada por todos los ayuntamientos democráticos. Fueron años de lucha. Aguirregoitia comprendía que los instrumentos técnicos, jurídicos y el apoyo político existente permitirían originar una transformación de la cultura urbanística. Llegó a sustentar que los partidos políticos tenían claro que el modelo anterior sin construir elementos de ciudad, el edificar sin más, sin dotaciones ni espacios libres, sin previsión de equipamientos ni de urbanización, fomentado durante el franquismo, generaron déficits de calidad urbanística desastrosos. Por otra parte, necesitaba además de una visión técnica, una visión política de aquella compleja situación y tuve la oportunidad de entrevistar a Xabier Arzalluz. A su faceta de profesor de derecho político en la Universidad de Deusto aunaba la de haber sido presidente del Euskadi Buru Batzar durante las últimas décadas. Arzalluz en la entrevista sostuvo que su partido se encontró en 1979 con una situación desastrosa en todos los sentidos, trataban de salir de la crisis económica, recuperar la cultura y el urbanismo. Llego a sustentar que el urbanismo dejado por el franquismo era salvaje, pues hicieron lo que quisieron en núcleos urbanos en los que provocaron gravísimos problemas urbanísticos como Santutxu, Otxarkoaga, Errenteria o Intxaurrondo. Ensalzó la labor de Pujana y del partido, ya que fueron capaces de reunir a un buen grupo de arquitectos a los que denominaban “los polacos”. Se les apodaba de esa forma porque emprendieron la planificación de Euskadi como si fuese la Polonia devastada de posguerra. Dichas reflexiones proporcionan una imagen de cuál era la realidad con la que se encontraron los dirigentes del urbanismo del Consejo General Vasco. Según Arzalluz, salir de aquella catastrófica situación sólo fue posible gracias a la actitud de su partido que dejó absoluta libertad de criterio a ese grupo de cualificados técnicos y gracias también a que se consiguieron los Conciertos Económicos porque si no, hubiese sido impensable el poder acometer con suficientes garantías los problemas de la mayoría de urbes de Euskadi que sufrieron los despropósitos del franquismo.

Epílogo

En 1979, el urbanista Fernando Terán, estando en Donostia para impartir una conferencia en la Escuela de Arquitectura, ante un público compuesto básicamente por arquitectos y estudiantes de arquitectura, no hizo sino aportar otra visión crítica sobre aquel urbanismo heredado: “se había exacerbado el disparate por la existencia de mecanismos autoritarios al servicio de las clases dominantes y al hecho de haber estado falto de todo tipo de sistemas de corrección, como la consulta pública”. Una última reflexión que es preciso plantear es que no fue únicamente Bilbao, tal y como se ha venido reflejando en otros artículos, sino que infinidad de núcleos urbanos de toda Euskal Herria sufrieron las barbaries provocadas por las autoridades franquistas. A día de hoy, cualquiera que mire hacia atrás y contemple todo el camino recorrido, es cuando comprenderá sucintamente, tanto la verdadera dimensión de aquella catástrofe urbanística como la consiguiente extraordinaria labor de los vascos por tratar de recuperar sus ciudades.

Luis Bilbao Larrondo (Historiador)

Bilbao: la izquierda ante las elecciones municipales de 1979

Bilbao: la izquierda ante las elecciones municipales de 1979.

Uno de los hechos, tal vez más controvertidos de la historia reciente de Bilbao, fue cómo, en 1979, con las primeras elecciones municipales tras el Franquismo, la problemática urbana se había constituido en tema político de primera magnitud. Los partidos políticos empezaron a definirse urbanísticamente en sus programas. El planeamiento, por fin se acercó a la sociedad. Si ya hubo unos inicios de democratización urbana gracias a los movimientos ciudadanos, a partir de entonces se tenía la convicción de que sería un hecho la participación directa de la ciudadanía en el urbanismo. Sin embargo, el peso cayó sobre los partidos políticos de izquierdas porque eran los que llevaban consigo unas características comunes que carecían los demás grupos: una dilatada experiencia en los movimientos ciudadanos. La primera premisa que exigieron estos partidos cuando se presentaron a las elecciones municipales, fue un reconocimiento de las asociaciones vecinales. Desde partidos políticos como el PCE-EPK se presentaba como alcaldable Alberto Vidal que provenía de la Asociación de Vecinos de Santutxu y lo hizo con un programa muy elaborado, basado en sus experiencias en el movimiento ciudadano y con un censo de las necesidades de cada barrio. Entre otras cuestiones demandaban la participación popular, recuperar la identidad urbana de Bilbao, núcleos de convivencia con identidad propia, unas juntas de distrito que representasen a todos los barrios o un control sobre el suelo urbano. Desde EE Jon Nicolás, que a su faceta profesional de arquitecto técnico unía su relación con los movimientos vecinales, exigía como prioridad la unidad de la izquierda vasca, con un movimiento ciudadano combativo, desde el que tendría una especial importancia llevar adelante una lucha seria y eficaz contra quienes había descompuesto Bilbao dentro de aquel conflicto urbano, que era un fiel reflejo de la lucha de clases. El propósito era explicar los problemas urbanísticos en términos políticos de enfrentamiento de intereses. Para lo que consideraban preciso recuperar Bilbao para los bilbaínos, socializar el uso y disfrute de la ciudad, todo ello a través de una participación activa del ciudadano en la gestión municipal. Exigirían así mismo responsabilidades de fraude y corrupción a las autoridades franquistas que dejaron aquel Bilbao caótico a través de lo que consideraron fue una anarquía programada. Bosquejaron un plan de urgencia a través de los barrios y de los comités de apoyo. Desde EMK-OIC Javier González Buruchaga, también relacionado con los movimientos ciudadanos, sostuvo que desde su partido exigirían responsabilidades, que sustentarían una gestión ciudadana, fomentarían unos transportes públicos gratuitos, y pretendían al igual que el resto de partidos de izquierdas hacer pagar a capitalistas y especuladores el coste de arreglar Bilbao. Con muchas coincidencias de estos partidos con las propuestas de José María Sarisibar de la candidatura de la ORT. Desde HB junto al alcaldable Santiago Brouard, cuyo partido sostenía el lema “Alkaterik onena herria”, el mejor alcalde el pueblo, se presentaba gente de la talla intelectual de Xabier Martin que a su faceta de arquitecto unía la de filósofo, abogado y economista, que defendían desde su grupo un trabajo por barrios, con comisiones paralelas que estableciesen necesidades, acometerían los problemas y corregirían los desequilibrios sociales, difundirían la cultura popular, y rebilbainizarían Bilbao ya que el 80% de sus calles llevaban nombres que en nada tenían que ver con la villa. Llegaron a sostener que sería fundamental el contrapoder popular a través de las asociaciones ciudadanas que actuarían como gestoras. El pueblo sería el protagonista, ya que entendían que no se podía dejar en manos de unos concejales el arreglo de la ciudad. Era el problema de la lucha de clases y la presión popular, para lo que se debía de fomentar la conciencia de clases e institucionalizar la asamblea de barrios como fórmula de participación directa del vecino en sus problemas y en las decisiones. Juan Mari Zulaika de LKI, defendió que desde su partido también plantearon un plan de urgencia para urbanizar y equipar a los barrios. En cuanto a la adjudicación de la vivienda social esta pretendieron que estuviera bajo un estricto control de los organismos populares así como también aspiraban a socializar el suelo. Desde el PSE-PSOE, su candidato José Luis Ibañez, llegó a sostener que el movimiento ciudadano se debería de integrar al ayuntamiento al igual que el modelo francés, con una conexión de todas las entidades asociativas ciudadanas al ayuntamiento. También primaría el sentido comunitario sobre el privado en urbanismo e institucionalizarían las asociaciones vecinales en el ayuntamiento a través de comisiones de barrio al igual que en Italia o Portugal. Utilizarían la experiencia de los programas a nivel estatal que tenía el PSOE para emplearlos en todo el País Vasco. Si hubo un paradigma programático impulsado por algunos de estos partidos fue que el movimiento ciudadano no podía ser sustituido tal y como algunos pretendían al estar implicado como lo estaba en todos los acontecimientos sociales, políticos y económicos de Bilbao. Propusieron participar y controlar el ayuntamiento a través de los vecinos, organizando el trabajo por barrios, a través de comisiones que establecieran las necesidades sociales, urbanísticas y sanitarias de Bilbao. La vivienda que fomentaron debía de ser en alquiler social y demandaron así mismo un control sobre el suelo urbano e igualmente impondrían impuestos tanto sobre solares urbanos no edificados como sobre viviendas vacías. No obstante, fueron conscientes de que necesitarían varias generaciones para corregir los absurdos urbanísticos creados por los franquistas. Habían sido unos consistorios que habían fomentado el interés privado por encima del público y como consecuencia de esa política industrial Bilbao fue denominada la ciudad más contaminada de Europa, con menos zonas verdes y calificada de paraíso de la especulación. Convirtieron amplias zonas de la villa en auténticas cloacas, carentes de los servicios más básicos, desprovistas de lo más elemental. Finalmente la situación no resultó tal y como muchos esperaban de la izquierda, ante aquellas primeras elecciones al ayuntamiento de Bilbao, porque una mayoría de bilbaínos se decantaron por la candidatura del EAJ-PNV y HB resultó ser la segunda fuerza más votada. Sin embargo, a partir de entonces, decir que hubo una política urbana, tal vez fuera sostener algo pretencioso. Durante los siguientes años, hubo una política pero de hechos consumados, porque reflexionemos sobre lo que se encontraron los partidos políticos y pensemos: visto lo visto, cómo fue posible poder salir de aquel despropósito de ciudad que dejaron como hipoteca los franquistas, ya que no solo imposibilitaron durante muchos años cualquier tipo de iniciativas sino que a día de hoy aún estamos pagando las consecuencias.

Luis Bilbao Larrondo (Historiador)