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El gitano ‘dardero’

José Miguel Aguilar, de Otxarkoaga, ha logrado en dos años entrar en la élite mundial de los dardos
José Miguel Aguilar lanza una dardo sobre la diana donde entrena diariamente, en el local de la asociación Iniciativa Gitana de Otxarkoaga.
EN Otxarkoaga, su barrio, le llaman campeón y en el mundillo de los dardos, El gitano. Acepta con agrado este último apodo porque dice que «lo hacen con cariño». José Miguel Aguilar se siente muy orgulloso de ser gitano. Lleva muchos años trabajando en la Asociación Iniciativa Gitana para «acabar con el tópico de que los gitanos somos malos, robamos y, en encima, tenemos piojos». Desde hace unos meses se ha convertido en una estrella gracias a los dardos. Su popularidad ha traspasado las fronteras de Txurdinaga y Otxarkoaga, donde se ha criado. En octubre del año pasado se convirtió en campeón europeo dentro de la modalidad de dardos electrónicos Bullshooter. Gracias a la conquista de ese entorchado, José Miguel viajará a finales de este mes a Chicago para disputar el campeonato del mundo. «Si me llegan a decir que me iba a pasar esto hace unos años, no me lo hubiese creído», confiesa. Pero, sin pretenderlo, lo ha conseguido. José Miguel ha entrado por méritos propios en la élite mundial del juego de los dardos. Ahora, que está en paro como escayolista, compagina la venta ambulante con los entrenamientos de cara a la cita norteamericana. Allí también se dará a conocer como el gitano dardero.

José Miguel recuerda con nitidez el día que se quedó enganchado a los dardos. «Fue en Córdoba, porque aquí apenas había dianas. Entré en un bar con mis cuñados, empezamos a jugar y estuvimos hasta la cinco de la mañana. Al día siguiente tenía un dolor de brazo que no podía ni moverlo». Eso sucedió hace unos años. «Pero tampoco muchos», especifica. Lo que sí reconoce es que «desde el primer momento me di cuenta de que era bueno». No sabe si porque era escayolista, «ya que para eso hay que ser fino», o simplemente porque tenía buen pulso y puntería. Sin embargo, tampoco le dio excesiva importancia. José Miguel siguió jugando partidas con amigos y familiares en un bar de Miribilla, el Lemon. Allí es dónde empezó a escuchar: «Siempre me gana el gitano».

Competición Así hasta que un buen día entró en un bar de Deusto que tiene tres dianas y se puso a lanzar unos dardos. «Me vio el chaval de la barra», recuerda, «y me preguntó si tenía equipo». De esa forma tan tonta entró en el mundo de la competición. Corría el año 2008. Desde entonces ha ido cosechando títulos sin parar. El último, el campeonato de Europa disputado en octubre en Holanda. Las claves para conseguir esos triunfos hay que buscarlas en las condiciones innatas que tiene José Miguel: tranquilidad y puntería. «Pero lo más importante para jugar bien a los dardos es la mentalidad que uno tiene», señala. Y pone un un ejemplo de lo importante que es la concentración. «El pasado fin de semana fallé en el campeonato de Bizkaia porque mi mente estaba en otras cosas», dice. «Cuando se compite hay que estar muy tranquilo, pensando únicamente en lo que se tiene delante, que es la diana».

Una tranquilidad que se consigue después de muchas horas de entrenamiento. «Todos los días intento meter una o dos horitas para no perder la forma», apunta. Tiene tiempo. Desgraciadamente está en paro desde hace unos años. José Miguel siempre ha trabajado de escayolista, por lo que la crisis de la construcción le afectó de lleno. «Desde el año 2006, que cogí una obra grande, no he vuelto a trabajar de escayolista», dice. Por eso tuvo que buscarse la vida. Y lo hizo en la venta ambulante, que la conoce muy bien por tradición familiar. Actualmente vende en compañía de su esposa ropa de mujer en los mercadillos de Erandio y Portugalete. «Me gustaría vender aquí, en mi barrio, pero parece que hay demasiadas licencias», señala en tono reivindicativo. Lo ha intentado aprovechando la «fama» que le han dado los dardos, pero sin resultados positivos.

Iniciativa gitana Tampoco descarta que una buena clasificación en el campeonato del mundo haga «moverse a alguien para que apoyen la creación de una escuela de dardos para niños en el barrio, por ejemplo». Es un proyecto que tiene en mente. José Miguel siempre está pensando en mejoras para sus vecinos. Por algo lleva años trabajando en la Asociación Iniciativa Gitana. «Aquí tenemos un pequeño local en el que, por lo menos, podemos tener a los jóvenes de 12 a 15 años entretenidos jugando al parchís, al dominó o a los dardos, para que no anden por la calle», señala. José Miguel quiere acabar «con los sambenitos que nos han colgado de que el gitano está asociado al robo y la delincuencia». «Son tópicos que no son ciertos», explica, «pero parece que no hay forma de desterrarlos». Él se siente orgulloso de la cultura gitana que tiene su pueblo, que «es muy bonita» y que destaca, según él, por «el respeto que tenemos hacia los mayores y el cuidado que damos a nuestros niños». Ahora tendrá la oportunidad de ser gitano en EE.UU.

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