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DEIA

El nuevo Bilbao,

¿deudo de la experiencia urbana británica?

* Doctor en Historia,

Por Luis Bilbao Larrondo

HOY, al hablar de Bilbao, se utilizan un léxico que ya en nuestras conversaciones se hace totalmente usual; metrópoli de pasado industrial, ciudad de servicios, de visión agradable, rehabilitación y reconversión… No obstante, todo ello suscita alguna que otra reflexión como de dónde tomaron las ideas quienes lo hicieron viable. Sobre todo si tenemos en cuenta que una vez finalizada la dictadura franquista el declive económico ahondó en el declive urbano bilbaiíno. La situación urbana era terrible, insostenible por más tiempo, con una extraordinaria carencia de dotaciones de servicios públicos, todos los barrios de Bilbao eran marginales, con una estética desagradable, aglomeración urbana, deterioro máximo, medio ambiente totalmente degradado, sin calidad de vida… Era la evidente consecuencia del incumplimiento sistemático de leyes y planes de la propia administración pública franquista, que buscó en todo momento el beneficio de la iniciativa privada. A este deterioro urbano se debe aunar la alarmante situación industrial, sin crecimiento ni inversión, con el cierre de multitud de empresas. La respuesta, quiero pensar, la proporcionaba el profesor y arquitecto Michael Sorkin, quien llegó a sostener que «el esfuerzo por recuperar la ciudad es la lucha de la democracia misma».

Ante aquella grave realidad, ¿acaso hubo otra opción que basarse en aquellas experiencias foráneas que más se asemejaran al ámbito vasco, es decir, en aquellas urbes con un pasado netamente industrial, que habían sufrido una grave crisis económica y urbana al igual que Bilbao?

Destacadas ciudades del Reino Unido, por su pasado industrial y sus experiencias con una exitosa rehabilitación, eran en política urbana uno de esos modelos a reproducir para los por lo general profanos en estas cuestiones técnicos y políticos bilbainos.

Tuvieron que ser una serie de conocidos urbanistas quienes planteasen algunas soluciones con una serie de innovadoras propuestas para la ciudad. Peter Hall, profesor del Birckbeck College de la Universidad de Londres, autor de obras tan emblemáticas como Las ciudades del mundo o Las grandes ciudades y sus problemas, sostuvo en una conferencia ofrecida en Bilbao en 1975 que se había dado durante el franquismo una predilección por el crecimiento frente a la planificación y como posible solución sostuvo que había que tender a urbanizaciones reducidas próximas a la ciudad, al igual que se proyectó en Inglaterra. El arquitecto Fernando Chueca, ese mismo año, desde La Gaceta del Norte, llegó a proponer reproducir la política del London County Council, colectivizar el suelo urbano, dar sustento a una política de rehabilitación de antiguas edificaciones de los barrios de más bajo nivel económico e importancia capital a las zonas verdes, activar la renovación de viviendas con políticas menos costosas que mantenían un valioso patrimonio arquitectónico y de lucha muy eficaz contra la especulación.

Otros urbanistas británicos, como Gerald Manners, Profesor de la Universidad de Londres, quien también participó en Bilbao en unas jornadas sobre planificación, disertó sobre La importancia del sector terciario en la planificación urbana y regional y comparó la situación del País Vasco con Gran Bretaña por su analogía económica y urbana. Y otro de los participantes, el urbanista escocés McKitterick, delegado del Reino Unido ante la ONU y profesor en planificación, que había ayudado al Ministerio de Planificación del Desarrollo en el Plan de Expansión de Durango, sostuvo en Bilbao lo nefasta que había resultado toda la política urbana sostenida por las autoridades franquistas, para acto seguido arremeter contra aquel urbanismo, el de las grandes infraestructuras, por su elevado costo y escasos rendimientos y la especulación suscitada por la falta de planificación.

 

Jon Castañares, en las primeras municipales de 1979 y ante un Bilbao arruinado, sostuvo reproducir las experiencias de Londres de reutilización de las zonas portuarias del Támesis

 

Los dos urbanistas coincidían en que Bilbao no tenía otra solución que reconvertirse al sector terciario. Ambos consideraban viable esa reconversión ya que estimaban posible sustituir los Altos Hornos de Vizcaya y toda la producción industrial, por una ciudad de servicios. El profesor Javier Cenicacelaya, quien durante esos años estudió en el politécnico de Oxford, sostuvo basado en su experiencia inglesa que el impacto del crecimiento rápido en los núcleos urbanos obligaba a una política de actuación para resolver problemas como el de los asentamientos rápidos, injerencias en zonas ya existentes, estudios de preservación de cascos, racionalización de dotaciones elementales… En definitiva, se trataba de estudiar unos modelos de crecimiento y de obtener tipologías y modelos aplicables de desarrollo de ciudades dentro del diseño urbano. Este arquitecto bilbaino eligió el caso del urbanismo inglés porque este había experimentado mucho, sus urbes habían tenido graves problemas de desarrollo urbano similares a los de Bilbao y prestó mucha importancia al diseño urbano. Lo importante era hacer la ciudad más agradable.

Los empresarios bilbainos, seducidos también por los logros y éxitos británicos, hicieron una visita a centros oficiales de ese país. Formaron un grupo de estudios sobre las experiencias de reconversión industrial y su posible aplicación al País Vasco. Se realizaba un estudio del funcionamiento del sistema económico general inglés en lo que se refería a su industria, desde su generación por los organismos competentes en Londres hasta la parte ejecutiva de esa política en la Agencias de Desarrollo de Cardiff, Glasgow o Abeerden. La política industrial se discutía en el Consejo de Desarrollo Económico. La parte ejecutiva la hacían las Agencias de Desarrollo, que estaban orientadas principalmente a un trabajo de proyección industrial por zonas geográficas y habitantes, insistiendo principalmente sobre la construcción de infraestructuras y edificios industriales. Y se analizaron modelos como el de la Agencia de Gales, que en 4 años de funcionamiento llevaba construidos 70 millones de metros cúbicos de fábricas y locales; o el caso de Glasgow, que al igual que Bilbao era una ciudad que 80 años atrás disfrutaba de una situación económica privilegiada ya que eran los pioneros de la revolución industrial como demostraban la configuración de la población y la calidad de sus edificios. Sin embargo, años después, tenían fábricas derruidas, casas abandonadas y la población inmovilizada y abandonada. Impresionaba la decadencia que ofrecía la zona industrial de Glasgow con sus solares de fábricas cerradas y la pobreza de las viviendas circundantes. Y las agencias de desarrollo eran parte de la solución.

Aquella experiencia indicaba que la solución al problema del desempleo no consistía en desplazar la población a nuevos centros de desarrollo sino en atraer la industria a estas regiones en crisis buscando la diversificación. La reconversión, los problemas de cierre o reducción de plantilla, se podían solucionar creando industrias nuevas o mejorando la utilización de las ya existentes. El concepto de reconversión no debía limitarse a las empresas o al sector sino que debía extenderse a la región geográfica. Glasgow, para los empresarios bilbainos, era el modelo a seguir.

Al PNV le sedujo también ese tipo de propuestas. Su alcaldable al Ayuntamiento de Bilbao, Jon Castañares, dentro de su programa electoral en las primeras elecciones municipales de 1979 tras 40 años de dictadura y ante un Bilbao completamente arruinado (económica y urbanísticamente), sostuvo también como posible solución reproducir algunas de las experiencias de Londres, especialmente las operaciones urbanas, de gran importancia en aquellos años, de reutilización de las zonas portuarias abandonadas del Támesis.

Castañares viajó, entre otros, con el arquitecto y director general de urbanismo del Consejo General Vasco, José Miguel Abando, porque entre las autoridades vascas hubo un desmedido entusiasmo, muy propio del momento, por las soluciones británicas a los graves problemas de urbanismo y contaminación.

En ese viaje se entrevistaron con los dirigentes de las corporaciones locales londinenses para estudiar sus políticas en el tratamiento a las industrias contaminantes, destrucción de residuos sólidos, planes de reforma interior o de rehabilitación del casco histórico. Aquellas propuestas sostenidas serían parte importante de la estrategia para sustentar un innovador modelo de ciudad de servicios frente a la ciudad industrial, de estética agradable frente a la estética gris y fabril, rehabilitada y reconvertida frente a la visión de ruina, contaminación y abandono, que pudiera vender y mercantilizarse.

 

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