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Otxarkoaga y Txurdinaga, los dos polos en el mismo distrito

Los barrios tienen poco en común, pero comparten su ilusión por el metro
SOLANGE VÁZQUEZ
| BILBAO
A veces pasa que dos hermanos que se han criado juntos y se llevan pocos años de diferencia no tienen ningún parecido ni en el carácter ni en el físico. Es el caso de Otxarkoaga y Txurdinaga, los dos únicos barrios del Distrito 3, que, por no compartir, no comparten ni los problemas ni las prioridades. Y tampoco los orígenes: mientras que Otxarkoaga surgió en los albores de los sesenta y principalmente acogió a población obrera de los núcleos de infravivienda que en aquella época proliferaban en las laderas del ‘botxo’, Txurdinaga se desarrolló años después como un tentáculo de la expansión urbanística de la ciudad para clases medias.
¿Más disparidades? Pues sí. El movimiento vecinal de Otxarkoaga, quizá impulsado por la propia historia de un lugar que arrancó con muchas carencias, es uno de los más activos y ‘serios’ de la villa, además de contar con un bagaje histórico de enorme peso. Sin embargo, a su lado, Txurdinaga -estando mucho más poblado- ha tenido una vida tranquila, sin grandes sobresaltos que exigiesen repuntes ciudadanos. De hecho, actualmente es la asociación de comerciantes la que actúa de oficio para defender los intereses del vecindario.
Años y años pegados el uno al otro y estos barrios no han desarrollado puntos en común. Lo que sí tienen en el horizonte es una ilusión compartida: la llegada del metro al distrito en 2012. Un pequeño paso para el suburbano, pero un gran paso para Otxarkoaga y Txurdinaga, cuyo único vínculo es el pesar de haber crecido un poco al margen de la ciudad.

«La Policía intenta ayudar, pero no llega a todo»

«Cuando celebramos los plenos, esto se llena», dice con orgullo Asier Abaunza -presidente del consejo del Distrito 3 y concejal adjunto de Circulación y Transportes-, mientras muestra una habitación enorme, llena de sillas, en el centro cívico de Txomin Garat. asier-abaunzaY de esto no pueden presumir en otros rincones de la villa. A su lado, la edil de Participación Ciudadana, Itziar Urtasun, también alaba el interés de los vecinos por mejorar su entorno: «No son ‘broncas’, son… insistentes, esa es la palabra. Y vienen a nivel individual, no sólo asociaciones».
Las inquietudes de los residentes por el clima de conflictividad y el comportamiento incívico de algunos individuos las conocen de sobra en el Ayuntamiento. «La Policía Local hace lo que puede para ayudar a resolver estos problemas, que no son delitos, pero, obviamente, no llegan a todo», admite Abaunza. También preocupa a las asociaciones vecinales que haya un 20% de los residentes viviendo de las ayudas sociales, lo que, a su juicio, crea un ‘vivero’ de personas poco interesadas en salir adelante por sus medios. «La cifra es brutal. Pero mejorar el control de las ayudas es una prioridad del área de Acción Social. De hecho, ya se han retirado algunas», indica Abaunza.
¿Y la limpieza y mantenimiento de las calles que tanto mortifican a los vecinos? «No es cierto que se limpie menos que en otros puntos de Bilbao. Otra cosa es que la gente no tenga cuidado y se vea más suciedad -matiza Urtasun-. De hecho, acondicionamos zonas privadas que están dejadas de la mano de Dios aunque no sea cosa nuestra».
Muchos de estos handicaps y de las armas para luchar contra ellos se recogen en el plan de regeneración social Imagina Otxarkoaga, el que dicen los vecinos que duerme el sueño de los justos en algún lugar recóndito. «Admitimos cierto retraso con el plan, pero a finales de este mes expondremos ya actuaciones concretas ligadas a las propuestas ciudadanas que recogimos», subraya el presidente de consejo de distrito. «Y se han tenido en cuenta muchas de las aportaciones ciudadanas», promete Azucena Peralta, secretaria del consejo.
En cuanto a las quejas por la tardanza en terminar los últimos flecos de la rehabilitación integral del barrio, señalan que «ya falta poco y que la zona de Irumineta quedará lista para principios de año». En lo que no están de acuerdo es en que las conexiones en autobús sean deficientes. «Están bien servidos», destacan los responsables municipales. Frase que también les vale para las peticiones de locales culturales. En cuanto a la añeja demanda de un polideportivo… ¿Descabellada? «Ahora no es prioritario, pero tampoco está descartado», sonríe Abaunza.
Esta arrolladora batería de reivindicaciones ha fagocitado a las de Txurdinaga, cuya principal demanda es la señalización de la zona. «Estamos estudiando algunas propuestas -indican-, pero es que sobre todo quieren señales orientadas al comercio… y las de circulación están bien». Después del aluvión de peticiones de Otxarkoaga, lo de la señalización de Txurdinaga es un paseo para el Ayuntamiento.
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«El metro es esperanza, futuro e integración»

Los miembros del movimiento vecinal de Otxarkoaga se toman muy a pecho los problemas del barrio. Ponen todo el corazón en reuniones y propuestas, lo que pasa es que a las instituciones les piden el mismo esfuerzo. Y, claro, esta pretensión está abocada al fracaso, porque lo que las autoridades hacen por el vecindario siempre les sabe a poco. Esta «desilusión» la resumen en el plan Imagina Otxarkoaga impulsado por el Ayuntamiento, para regenerar un barrio con un 20% de la población subvencionada y «un gran problema educacional». «Después de dos años trabajando en el proyecto, las conclusiones duermen en algún despacho», lamentan Ángel Velasco y Benjamín Herrera, de la Agrupación de Vecinos de Otxarkoaga (AVO).
Mientras no se pone en marcha el proyecto, están preocupados porque quieren que el vecindario no sólo sea seguro, sino que también lo parezca. «No hay más delitos que en otros sitios, pero sí problemas de convivencia, coches mal aparcados, críos molestando, coches que dan acelerones, calles sucias, con maleza… cosas así, pero nunca ha habido una violación, por ejemplo», insisten los vecinos, que piden al Consistorio, entre otras cosas, «una policía de proximidad».
Pero su gran ilusión ahora mismo es el metro, que llegará al distrito en 2012. Y no sólo porque mejorará sus comunicaciones. «El metro es esperanza, futuro… ¡intregración!», claman Natxo Isuskiza, párroco, y Álvaro Pérez, uno de los pocos jóvenes que se han enrolado en el movimiento vecinal.
«28 años de obras»
El otro gran bastión social del barrio, la Asociación de Familias de Otxarkoaga (AFO), ve también con ilusión el suburbano. Eso sí, antes de que horaden Otxarkoaga, insisten en que «se debería terminar de una vez la rehabilitación y urbanización del barrio, ya que llevamos 28 años de obras y están aún pendientes los trabajos de Irumineta». Tampoco andan sobrados en Otxarkoaga de servicios y equipamientos. «Llevamos más de 30 años pidiendo un polideportivo y aparcamientos», resume Cristóbal Rivera, de la AFO, asociación que también ha pedido un estudio epidemiológico en Julián Gayarre, debido a la «acumulación de antenas de telefonía», y la mejora de las conexiones en autobús. «Hay pocas unidades, son incómodos y sus recorridos, mejorables», detalla.
La lista de reivindicaciones es muy larga en Otxarkoaga. En Txurdinaga, sin embargo, las demandas son escasas. Una de sus principales preocupaciones es «la mala señalización, no sólo de calles y de números, sino también de las entradas al vecindario. Los que vienen aquí desde fuera se pierden de todas todas», indica Javier Ibánez, de la asociación de comerciantes, quien también critica algunos cambios en la circulación de Julián Gayarre. Y, puestos a pedir, lo que necesitan con urgencia es «que los vecinos se impliquen en asociaciones para darle vidilla al barrio», dice mirando a Otxarkoaga.

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