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Doctor en historia del urbanismo

Luis Bilbao Larrondo: “La hipoteca urbanística que dejó el franquismo en Bilbao fue brutal”

Pocas personas conocerán el urbanismo de Bilbao y su metrópoli mejor que Luis Bilbao. Su tesis doctoral, publicada el pasado mes, es buen aval de ello. En ella disecciona el desarrollismo de los años 60, la crisis total de los 70 y los primeros años de la transición democrática

Luis Bilbao analiza en un libro el desarrollismo de los años 60, la crisis de los 70 y la transición.

Luis Bilbao analiza en un libro el desarrollismo de los años 60, la crisis de los 70 y la transición. (David de Harp)

Bilbao. Urbanismo en Bilbao 1959-1979 recoge en sus casi 600 páginas una historia oscura de poderes fácticos, intereses y desastres que sirvieron de base para la actual ciudad. Unas cenizas de las que surgió un ave fénix urbana visitada por miles de turistas cada año y a la que Luis Bilbao prevé un futuro halagüeño.

Ha sido un trabajo de chinos.

Me leí todos los periódicos existentes desde 1960 a 1980, incluidos DEIA y Egin desde 1977, más revistas e hice mucho trabajo de archivo, también en el Gobierno vasco, ya que en la transición Lakua tuvo mucho que ver.

Tuvo que ser un shock para los políticos democráticos encontrarse esa situación de caos.

Efectivamente, fueron los dos años del Consejo General Vasco antes de las primeras elecciones autonómicas. Curiosamente, la primera ley del primer ejecutivo elegido fue abolir la corporación administrativa Gran Bilbao y el plan urbanístico creada por el franquismo. Se plasmó el cambio de una época.

¿La década de crisis fue consecuencia del desarrollismo feroz?

Sí, agravado por una crisis a nivel mundial, más la crisis política y social existente. Si no se hubiera dado esa recesión, el urbanismo desarrollista estaba condenado al fracaso y Bilbao hubiera entrado urbanísticamente en crisis de todas formas. Se comprobó que todo lo que se hizo en el franquismo fue un despropósito.

Lo que se hizo en los 60, ¿era planteamiento urbanístico?

En absoluto, no se sabía lo que era. Cuando llegó el primer Consejo General Vasco se quedaron blancos del desastre que era, no había ordenación alguna. Barakaldo tenía un plan de ordenación urbana que la corporación administrativa del Gran Bilbao se saltó a la torera para construir en la vega de Ansio, donde se preveía uso residencial, todo un conglomerado industrial. Los banqueros tenían el poder en esa corporación y la utilizaban para sus intereses económicos por encima de cualquier municipio.

Puro caciquismo.

Hacían y deshacían a su antojo. Los bancos y sus industrias pesadas, de acería, químicas… mandaban. Por eso no se hizo el valle de Asua.

¿El valle de Asua?

Estaba previsto que fuera el nuevo Bilbao para residentes, con 130.000 viviendas, un polígono gigante autosuficiente, de manera que el actual Bilbao fuera solo para oficinas y servicios, como si fuera la city en Londres.

¿Qué otras ideas se barajaron?

Ya se pensó en el nuevo San Mamés y se previó construirlo en las instalaciones de Lezama. La Feria de Muestras se iba a trasladar a Boroa, en Amorebieta, y el aeropuerto de Sondika desaparecía para ubicarlo en Vitoria y unirlo a Bilbao con una gran autopista. La negativa de los bilbainos fue total.

Una época en la que, indica en la tesis, había 245.000 vehículos en Bilbao y sin autopistas de acceso.

Todavía se levantaban los puentes de la ría y cada vez que ocurría se montaban unos atascos en toda la ciudad de aúpa. Era noticia siempre en los periódicos.

Y, ¿qué ocurrió a finales de los años 70, en plena transición?

Fueron los años de la incertidumbre. Los nuevos políticos no sabían por dónde tirar. Se miraba a ciudades industriales como Pittsburg o Baltimore, en Estados Unidos, o a Londres, para imitar la recuperación del río Támesis en nuestra ría. El alcalde Castañares viajó a la capital británica para conocer todo el proceso.

¿Pasaron muchos años antes de desarrollar un plan concreto?

Unos veinte, porque la hipoteca urbanística que dejó el franquismo fue brutal.

Y entonces…

No fue hasta que se dio con la piedra filosofal del Guggenheim como la apuesta del PNV en el poder de las instituciones cuando se toma un rumbo. Y eso a pesar de que fue una apuesta suicida para muchos.

Les tildaron de locos.

Es que carecían de apoyo alguno, ETA estaba en su apogeo y nadie creía que una franquicia cultural iba a suponer todo lo que ha venido.

¿Por qué no hay un concepto urbanístico de metrópoli en la población de toda esta comarca?

Yo creo que ya va calando. Ser metrópoli lo hace las interrelaciones y el metro está siendo fundamental en ello porque conecta a todos los municipios. Eso no lo consiguió el concepto de Gran Bilbao del franquismo porque Bilbao, como capital, usó el poder para beneficio propio y tuvo una política de anexiones brutal.

¿Cómo calificaría el urbanismo de Bilbao en los últimos 15 años?

El Guggenheim ha sido el elemento tractor, sin duda. Jean Noveau equiparaba el Guggenheim a lo que supuso la torre Eiffel o el palacio de la Ópera de Sydney. Y después se ha organizado un tipo de ciudad escaparate de cara al mundo, limpia, de servicios, donde están casi todos los premios de arquitectura Pritzker. ¡Quién iba a imaginar hace 20 o 25 años que los muelles de la ría, antes industriales, iban a servir para pasear a los bilbainos!

Algunos dicen que todo es artificial y también con intereses economicistas.

No podemos negar que vivimos en una sociedad capitalista, pero aquí quien se beneficia también son los ciudadanos con todos los parques, calles y plazas públicas que se han construido.

Otros añoran ese Bilbao de los 70, ese Bilbao de más carácter.

Sí, porque hay querencia por una historia de todo un siglo industrial, pero ahora vivimos en una ciudad amable y de la que los ciudadanos se sienten orgullosos, porque también participan de ella.

¿Y el futuro?

Seguirá la línea trazada. La nueva zona de Zorrotzaurre, con esa apuesta por las viviendas complementadas, por un pequeño parque tecnológico, es la vía. Ahí es donde se crearán patentes que generarán riqueza y dinero que se quedarán aquí.

Tampoco tiene mucho espacio para crecer…

Es que quizás Bilbao no tiene que crecer más, no lo necesita si quiere ser una ciudad para los ciudadanos. Igual hay que apostar menos por viviendas y más por empresas tecnológicas pequeñas que creen puestos de trabajo que la hagan dinámica. Hay que buscar un equilibrio.

 

PUBLICADO en DEIA  2013/12/09

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