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El ultimo articulo de Luis Bilbao Larrondo publicado en DEIA

Tribuna Abierta

Bilbao y Estados Unidos: seducción y fascinación

* Historiador, Por Luis Bilbao Larrondo – Viernes, 22 de Julio de 2011luis bilbao larrondoEN una de sus más destacadas publicaciones, el profesor Joseba Zulaika propugnó que fue producto de una seducción que la corporación museística estadounidense Guggenheim se asentara en Bilbao. No obstante, aquella seducción, aquella fascinación que ejercieron los Estados Unidos sobre Bilbao, no se trataba de un léxico que podamos considerar ni desconocido ni extraño, porque lo llevábamos sustentando desde hacía varias décadas. Y es que durante los años del Desarrollismo Económico del periodo franquista hubo ya un reconocimiento y una admiración por el extraordinario progreso técnico y económico de aquel país que sedujo no solo a arquitectos e ingenieros bilbainos sino también a políticos y empresarios. La llegada de las masivas inversiones económicas estadounidenses al Gran Bilbao dio lugar tanto a la conformación de un imaginario basado en la metáfora del progreso como a la configuración de una sociedad del consumismo.

La élite financiera e industrial de Bilbao, a través de algunos de sus miembros más destacados, Félix Lequerica o José María Areilza, quienes siendo embajadores en los Estados Unidos posibilitaron establecer el pacto de Ayuda Mutua entre España y EE.UU. que sirvió para sacar a la dictadura española del más absoluto de los aislamientos a nivel internacional, aportó importantes relaciones empresariales que terminaron captando buena parte de aquel capital estadounidense que llegaba a la España de Franco y que acabó en su mayoría destinado a la ampliación de empresas ubicadas en el Gran Bilbao.

Hubo propuestas como la edificación de la Feria de Muestras de Bilbao que acabó convirtiéndose en la imagen de un nuevo Bilbao, que trasmitió la idea de que modernidad y consumismo iban unidos, a través de innovadores materiales, sistemas, tecnologías y sus correspondientes catálogos y otros sistemas de tipo propagandístico. Los laboratorios Torrontegui de la Escuela de Ingenieros de Bilbao fueron otro de esos dispositivos estándares de gran trascendencia en el mundo científico-económico y que funcionaron gracias a las aportaciones de capital, de maquinaria y equipos, a través de las donaciones estadounidenses y la Fullbright Act. La élite financiera e industrial fue más lejos y suscitó el hermanamiento de Bilbao a la ciudad del acero de Pittsburg, la urbe que se instituyó en todo un modelo para los dirigentes locales de lo que debía de ser Bilbao.

De facto, AHV y el Banco Industrial llegaron a sendos compromisos con algunas de sus principales empresas que invirtieron en Bilbao, como United States Steel o Westinghouse además de lograr acuerdos financieros con el Export-Import Bank. Otras entidades como la Gulf Oil Company posibilitaron que con sus inversiones se erigiera tanto la refinería de Petronor como que se construyera el Superpuerto.

Los viajes de varios técnicos bilbainos a los Estados Unidos durante los años 50, entre ellos Eugenio Aguinaga, Félix Iñiguez de Onzoño o Antonio Zalbidegoitia, tuvieron pocos años después su proyección sobre Bilbao. La publicación de las memorias de esos viajes editadas por el Ministerio de Industria, la divulgación de numerosos artículos desde revistas profesionales o de artículos desde la prensa escrita en torno a estos viajes y sobre los temas estudiados -tales como los rascacielos, los centros comerciales, centros culturales, la planificación y la política urbana… de las ciudades estadounidenses que visitaron- llevaron a despertar profunda admiración por aquel american way of life. A su vuelta pudieron disertar en varias conferencias y exposiciones en torno a esa arquitectura, explicaron la fascinación que les causó aquella meticulosidad de los proyectos, por el aprendizaje con la estandarización de los elementos constructivos, por aquella prodigiosa organización de la industria de la construcción, con sus completos catálogos de materiales, con sus increíbles medios de transporte, que fomentaban el trabajo interdisciplinar, en equipo. Aunado al impacto que supuso para estos técnicos las entrevistas que mantuvieron con los grandes iconos de la arquitectura americana (Frank Lloyd Wrigth, Richard Neutra, Walter Gropius, Mies Van der Rohe, Louis Khan…( o con los técnicos de los principales estudios de arquitectura e ingeniería (Skidmore, Owings y Merril de Nueva York, Pereira y Luckman de Los Angeles o Shaw Metz y Dolio de Chicago).

Eugenio Aguinaga, tras su viaje por los EE.UU., diseñó dos significativos proyectos: la urbanización y el pabellón del club de Golf de La Galea, lugar de encuentro y de ocio de la élite financiera e industrial de Bilbao, consecuencia de su visita a Taliesin West de Frank Ll. Wright, y el shopping center de Zabalburu, que resultó una copia formal de otro edificio americano. Otro arquitecto bilbaino, Javier Sada de Quinto, diseño cuatro rascacielos en Deusto que pretendió edificar a través de un innovador sistema constructivo de patente norteamericana.

Posteriormente, se proyectó el nuevo Banco de Vizcaya, en el Ensanche, un edificio financiero que respondía a los anhelos de los banqueros bilbainos de erigir una residencia para los dueños de los destinos económicos de los españoles, proyecto de los arquitectos, José Luis Casanueva y Jaime Torres, que viajaron a Nueva York junto a José Chapa para constatar sus ideas con las de las realizaciones más destacadas de Manhattan. Se trataba de encontrar un edificio que sería el reflejo de aquel nuevo Bilbao emulando aquellas edificaciones que mejor representaban al Nueva York de los negocios como el Seagram Building de Mies van der Rohe, la Lever House de Gordon Bunsahft o el Chase Manhattan Bank de Skidmore, Owings y Merril.

La propia Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao reclamaba la ciudad de Nueva York como arquetipo para Bilbao, ante su orografía e imposibilidad de extenderse en horizontal, lo haría en vertical, a través de los rascacielos. Pero también profesaría la alegoría de Bilbao como la ciudad donde todo era posible, la ciudad de la metamorfosis, de los negocios, la ciudad del gesto orgulloso, donde tendría lugar la reverberación del poder y de la superioridad de los bilbainos, capaces de emprender cualquier cosa, hechos a sí mismos, a través de una ciudad brutal, que trataba de manifestar a través de este tipo de edificaciones de una escandalosa ostentación de la riqueza.

Los dirigentes bilbainos, a su vez, viajaron durante estos años a Nueva York, al Congreso de Municipios sobre política urbana y visitaron ciudades como Pittsburg, Nueva Orleans, Filadelfia… Al regresar lo hicieron con la intención de reproducir aquellas propuestas de grandes centros comerciales y aparcamientos en la periferia de la villa, lo que reestructuraría toda la trama urbana.

Los técnicos bilbaínos pretendieron proyectar infraestructuras, arterias, túneles y puentes alrededor de la ría del Nervión basados en proyectos estadounidenses (el Cobo Hall de Detroit, la autopista Lodge, el Holland Tunel entre Manhattan y Nueva Jersey o la Nueva York Thruway desde Pensilvania a Nueva York). Incluso hubo técnicos bilbainos que tras su viaje por EE.UU. plantearon un parque de atracciones en el monte Ganguren basado en el parque de Walt Disney de Orlando como nuevo ámbito de ocio para los bilbainos. Y es que trataron de reproducir también los modelos de proyectos de parques naturales de California en Urquiola, Orduña o en el Gorbea.

La prensa escrita de Bilbao, llevada por aquella fascinación, llegó a publicar la posibilidad de reproducir el Plan Bertrand Goldberg de Chicago con varias torres, con un uso mixto residencial y de centros comerciales además de las propuestas de viviendas prefabricadas en Missouri y la ciudad experimental de Minnesota, de Athestan Spilhaus, como factible extensión de Bilbao.

Desde la delegación de Bizkaia del COAVN llegaron a denunciar las consecuencias de aquellos pretenciosos anhelos empresariales por tratar de reproducir aquellas ciudades y aquel estilo de vida en un momento en que los debates internacionales en torno a la ciudad criticaban las situaciones existentes y trataban de hallar nuevas vías practicables de invención arquitectónica.

En opinión de algunos reputados arquitectos como Antonio Fernández Alba, Rafael Moneo, Rufino Basañez, Juan Madariaga o el sociólogo Mario Gaviria, que formaron parte del jurado del premio de arquitectura Pedro Asúa en Bilbao en 1970, sus críticas no fueron únicamente contra quienes habían permitido aquel efecto de ruptura del Ensanche por el rascacielos del Banco de Vizcaya sino que en la mayoría de construcciones se llevase a cabo lo popular en EE.UU., denostando la arquitectura propia, así como haber establecido una postura capitalista de beneficios como única meta o haber llevado a la triste mecanización de las edificaciones, a la anulación del hombre y a que hubiesen acabado convirtiendo a los arquitectos en fríos técnicos y economistas.

La influencia estadounidense sumió a Bilbao en un contexto difícil de ponderar como consecuencia de aquella quimérica pretensión de los financieros e industriales bilbainos, llevados por aquella obsesión, al tratar de reproducir aquellas propuestas constructivas, aquel estilo de vida, sin pensar en las consecuencias y que lo único que consiguieron fue que acabara causando a la villa de Bilbao la mayor crisis urbana de toda su historia.

La siguiente ascendente estadounidense, con el efecto Guggenheim, supuso para Bilbao, por el contrario, un efecto rehabilitador, tanto urbano como económico. Allí donde fracasó estrepitosamente el franquismo y aquellas fatuas ambiciones de su élite financiera e industrial, la metrópoli contemporánea, en cambio, ha terminado superando cualquier expectativa, conjugando cultura como medio y capitalismo como fin.

http://www.deia.com/2011/07/22/opinion/tribuna-abierta/bilbao-y-estados-unidos-seduccion-y-fascinacion

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