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el drama de los desahucios

Llamamientos a luchar «porque es la única esperanza»

El desasosiego bañado en lágrimas y adornado por muestras de rabia inundó el corazón del nuevo Barakaldo, que aún se construye a orillas del Ibaizabal, después de la muerte de Amaia Egaña. Muestras de incredulidad y continuos llamamientos a la lucha ciudadana para obligar a las instituciones a frenar los desahucios.

Varias dotaciones de la Ertzaintza y Policía Municipal, una ambulancia de la DYA y un grupo de personas tomando notas junto a un cadáver fue lo que alertó a los vecinos del nuevo ensanche de Barakaldo. Minutos antes, una mujer -Amaia Egaña, de 53 años- se había precipitado desde el balcón de su vivienda del cuarto piso del número 11 de la calle Escuela de Artes y Oficios, que confluye con la avenida Altos Hornos de Vizcaya, y dio la casualidad de que fue a caer en la zona ajardinada que rodea la sede del Centro de Desarrollo Empresarial de la Margen Izquierda (Cedemi).

Con celeridad, el juez decano de Barakaldo, Juan Carlos Mediavilla, procedió al levantamiento del cadáver mientras el alcalde, Tontxu Rodríguez, y otros miembros de su equipo como Olga Santamaría y Jesús María González Suances, acompañaban al esposo, el exedil del PSE José Manuel Asensio, que era atendido por sicólogos y luego tuvo que ser trasladado al Hospital de San Eloy.

Cuando los medios de comunicación se arremolinaban junto al cordón policial, apareció el veterano activista social y miembro de la izquierda abertzale Periko Solabarria, que luego confesó que acudió para interesarse por el caso sin más información que la que el suicidio tenía su origen en su desahucio. «Para ayudar, arropar», apuntó sujetando una pancarta.

Allí, supo de la identidad de la víctima, y tras solidarizarse con su familia, «a los que conozco desde hace años, porque hemos sido compañeros en el Ayuntamiento cuando fui concejal y luego», Solabarria animó a la movilización. «Lo social es lo importante -subrayó-, lo político debe estar subordinado a lo social. Hay que parar esto».

Para entonces eran ya varios los vecinos que se reunían en los alrededores. «Estamos consternados, muy mal», confesaba uno, al tiempo que incidían en que no sabían de los problemas económicos graves que atravesaba la familia Asensio Egaña, que residía en el inmueble desde hace ocho años. «De puertas afuera, no había transcendido que tuvieran ningún problema grave», apostillaban.

«Esto nos va a llegar a todos si no reaccionamos y pedimos soluciones», manifestaba una joven, que decía estar en paro. La conmoción fue grande en esa nueva área residencial, con muchas familias jóvenes, donde fueron muchas las bocas que pidieron «luchar porque es la única esperanza».

Para entonces se presentó ante los periodistas el juez decano de Barakaldo que, después de terminar las diligencias tras consultar al presidente del TSJPV, llamó a la tranquilidad. «No podemos llegar a situaciones como la que hoy hemos vivido aquí», señaló Juan Carlos Mediavilla, quien abogó porque «sin demora» se impulsen cambios legislativos. «No podemos estar en situaciones que, por un problema económico, derivan en crisis como esta, con resultados tan trágicos», añadió.

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