Published Marzo 25th, 2008 by admin

Actores a los 80

En torno a los mayores hay muchos tópicos que ellos son los primeros en querer desterrar. Porque ni todos los jubilados se pasan el día mirando las obras, ni todas la abuelas hacen calceta. Los hay que se dedican a estas cosas, pero también a otras que hace unos años quizá alguno habría considerado impropias de su edad. Como subirse a un escenario teatral a los 80 años. ¿Que cuesta más aprenderse el papel? Probablemente.
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Actores ensayan en un taller de Otxarkoaga

«Ya no tenemos la cabeza como los jóvenes», coinciden estos artistas tardíos, que suplen las jugarretas de la memoria con tesón y muchas ganas. EL CORREO se ha colado en los ensayos de cuatro compañías teatrales de mayores de Vizcaya para observar entre bambalinas a este medio centenar de actores ‘amateurs’ que rondan los 75 años. Entre el cuadro actoral, una mayoría apabullante de mujeres.

Muchos de los que ahora se desviven por el grupo de teatro, no imaginaban «ni por asomo» que a estas alturas de la vida la preparación del papel y los ensayos acabarían formando parte de su rutina diaria. «Practicábamos gimnasia y baile y nos propusieron ir a clases de teatro. No sabíamos si íbamos a valer o no», recuerda Rosa Álvarez, de 66 años e integrante del grupo ‘Boreal’ de Santurtzi. De aquellas dudas han pasado cinco años y hoy ella y otras nueve mujeres presumen de pertenecer a una compañía con muchos ‘bolos’. Ya han representado seis obras y tienen un mínimo de tres o cuatro actuaciones por año.

‘Boreal’ nació fruto de la casualidad, pero en otros casos el azar no ha tenido nada que ver y ha sido el empeño de los mayores por hacerse un hueco en el mundillo teatral el que ha servido de acicate. Es el caso de Flori Díaz, que se vio obligada de posponer la que siempre fue su auténtica vocación hasta que se jubiló. «Me hubiese gustado ser artista en mi juventud porque lo llevo dentro, pero entonces no me dejaron», se resigna esta mujer de 81 años, que encarna a una importante actriz en la obra que el grupo baracaldés de nombre ‘Tablas y polillas’ estrenará esta primavera. «Estoy muy contenta de haber cumplido mi deseo, aunque haya tenido que ser a esta edad», se felicita Flori, quien da por bien empleados el tiempo que los escenarios le ‘roban’ y los esfuerzos que hace para superar las dificultades.

«Aprender los guiones es lo que más nos cuesta. Lo tenemos que leer un montón de veces para memorizarlo, repasarlo una y mil veces, hasta en la cama», comenta Cristina Conde, la actriz aficionada más veterana -tiene 78 años- de la compañía ‘Beti Gazte’ del barrio de Otxarkoaga de Bilbao. Algunos se ayudan para el estudio de la tecnología, que han aprendido a utilizar siendo ya bien mayores. «Yo me lo grabo y lo voy escuchando», confiesa Mari Cruz Silvestre, de 62 años e integrante del grupo de Barakaldo.

Terapia para el cerebro

Pero escuchándoles hablar y viéndoles con qué entrega asisten a los ensayos, esas dificultades de las que hablan parecen mucho menores. En su particular balanza, los ‘pros’ pesan mucho más que los contras. Y es que muchos de estos actores tardíos han encontrado en los compañeros de escenario nuevos amigos. Otros se felicitan de que han mejorado su autoestima y su agilidad mental.

«Yo antes era muy tímida y apenas alzaba la voz», recuerda Mari Cruz en un descanso de los ensayos en un centro cívico de Barakaldo. Minutos antes parecía otra bien distinta, metida como está por exigencias del guión en la piel de una mujer con mucho carácter. «Es una terapia estupenda para el cerebro», dice.

Ella sabe bien que sólo el caché distingue a estas actrices maduras de las profesionales. Más aún cuando se trata de «dar la talla» ante el público. Entonces ellas también sienten ese cosquilleo necesario del que hablan las figuras en las entrevistas, esa calma tensa que les obliga a permanecer alerta y atentos a cuanto acontece arriba y abajo del escenario. «Cuando estás detrás de las cortinas esperando tu turno para salir delante de la gente te pones muy nervioso», asegura Celes Pertika, de 63 años, e integrante del grupo guerniqués ‘Gure arbola zaharra’ -es, además, uno de los pocos hombres que forman parte de la compañías vizcaínas de teatro de mayores-. Paradójicamente, dice Celes, una vez fuera esa tensión se aplaca. Y antes de que baje el telón, el aplauso… Bien merecido. Es el mínimo reconocimiento al esfuerzo de quienes suben al escenario, literalmente, por amor al arte.

El Correo Digital


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