Published Septiembre 3rd, 2008 by admin
Segunda oportunidad
El programa de Iniciación Profesional de Lan Ekintza forma a más de 300 alumnos sin estudios de Secundaria.
«Estaría tumbado en el sofá viendo la televisión». Éste es el futuro que Yeray Blázquez imaginaba para sí mismo antes de apuntarse a un curso de mantenimiento de ordenadores en el Centro Darío de Areitio de Otxarkoaga. Acudió allí hace dos años por consejo de sus padres. Llevaba consigo mucha frustración y una mala experiencia en el colegio, que se traducía en un expediente académico en el que quedaban pendientes varias asignaturas de tercero suspendidas y cuarto de ESO en su totalidad. Un año más tarde todo había cambiado: se había vuelto a interesar por sus estudios y ya tenía el título de Secundaria en sus manos.
Desde su puesta en marcha en 1989, el programa de Iniciación Profesional organizado por Lan Ekintza ya ha formado a más de 4.000 jóvenes. Esta iniciativa del Ayuntamiento de Bilbao ayuda anualmente a más de 300 alumnos de entre 16 y 18 años a conseguir el título de Secundaria, les prepara para su inserción en el mundo laboral y les da la posibilidad de proseguir con estudios superiores.
Garazi Zuñiga participó en este programa hace dos años y confiesa que le animó a estudiar más. Tal es así que en el curso que comienza en pocas semanas está matriculada en Bachillerato y con el objetivo de alcanzar la Universidad en unos años. «Lo que más valoro de mi experiencia en el centro es que me devolvió la confianza en mí misma», subraya.
«Los talleres fundamentalmente son prácticos. Desde el primer día se empieza a aprender», explica la directora del centro Begoña Andrés. La principal finalidad de estos cursos es que los alumnos salgan preparados para el mercado laboral. De este modo, los profesores intentan que los jóvenes sean autónomos y debatan ellos mismos las posibles soluciones a los problemas que se les plantean.
Profesores amigos
«El perfil del profesorado es el de personas que saben tratar a los jóvenes», destaca Begoña, quien asegura que los estudiantes los consideran más «amigos» que superiores. Según explica, los educadores son profesionales en activo que luego se valen de su experiencia para la docencia. «No son profesores convencionales», insiste.
Cada taller consta de dos cursos: en el primero se busca «enseñar sin libro» los diferentes conceptos de la materia y en el segundo empiezan «a solucionar los problemas con los que se encontrarían en la profesión». Yeray, por ejemplo, aplicó lo que había aprendido en las propias aulas del centro, donde ayudó a instalar la red de Internet.
El Correo Digital