Thyssen Krupp instala la primera escalera mecánica de la línea 3 del Metro de Bilbao

Thyssen Krupp instala la primera escalera mecánica de la línea 3 del Metro de Bilbao.

Thyssen Krupp ha comenzado la instalación de la primera escalera mecánica de la línea 3 del Metro de Bilbao en la boca Vía Vieja de Lezama de la estación de Zurbaranbarri.

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Se trata de los primeros tramos de la primera escalera mecánica, de las que se colocarán en la línea 3 del Metro de Bilbao y su instalación sigue a la de los primeros pasillos rodantes instalados en junio en el cañón de Zumaia de la misma estación de Zurbaranbarri.

La instalación de la nueva escalera de la boca Vía Vieja de Lezama que será utilizada por más de 70.000 usuarios diariamente, se enmarca en el contrato adjudicado a Thyssen Krupp Elevator por 11,5 millones de euros para la colocación y el mantenimiento durante tres años de diez pasillos rodantes y 32 escaleras mecánicas para varias estaciones de la línea que se pondrá en servicio a finales de 2016.

Seguridad y eficiencia

Las instalaciones para las que se han desarrollado nuevas aplicaciones basadas en tecnologías de visión e inteligencia artificial que elevan su eficiencia energética y su seguridad, están destinadas a las estaciones de Uribarri, Casco Viejo, Zurbaranbarri, Txurdinaga y Otxarkoaga.

La escalera incorpora un sistema de seguridad que se está probando en el metro de Bilbao y que monitoriza las escaleras para, automáticamente y en tiempo real, detectar peligros para los usuarios y enviar una alarma a un centro de control.

Así, alerta de acumulaciones de gente a la entrada o salida de las escaleras o de la caída de objetos sobre ellas, mediante cámaras en tres dimensiones que envían las señales de emergencia a un centro de control. Estas nuevas tecnologías de aplicación para el sector de la elevación, se desarrollarán en el futuro centro de desarrollo de tecnologías para la movilidad de Thyssen Krupp de Zamudio.

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Cortos del tercer certamen de Otxarmetraje

Mostramos algunos de los cortos presentados en el tercer concurso de cortometrajes “Otxarmetraje” de Otxarkoaga, incluyendo los 4 cortometrajes premiandos.

PRIMER PREMIO AL MEJOR CORTOMETRAJE

La vendedora de sueños NaiTrain

 

SEGUNDO PREMIO

Distopicos Anonimos LA ULTIMA NOCHE DEL LOBO

 

PREMIO AL MEJOR CORTO EN EUSKERA NO PREMIADO

Bisitaria – HA – 18

 

PREMIO AL MEJOR CORTO DEL BARRIO

Death Gate – DΔN┼ESKƟS

 

Algun Corto No premiado:

Beste patxaran bat

5 plater 5 soinu el 31 de Octubre

“5 plater 5 soinu” es una iniciativa que pretende entrelazar la cocina con la música. De esta forma iremos degustando platos mientras escuchamos música en directo.

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Según avance la sesión músical a cargo de Tano Jao y Jackie Revlon, con ritmos que recorrerán desde el Jazz hasta el Blues, se irán sirviendo pintxos y platos que tendrán directa relación con la música, intentando complementarse.

La cena y el concierto cuestan sólo 12 euros. Te puedes apuntar previamente en Mahatserri. El día 31 de Octubre esperamos sobre todo pasar un buen rato diferente.

On egin!

El barrio bilbaíno de Otxarkoaga se convierte de nuevo en escenario de cine gracias al certamen ‘Otxarmetraje’

La asociación TULAR, con la colaboración del Ayuntamiento de Bilbao, ha organizado la tercera edición del Certamen de cortometrajes ‘Otxarmetraje’, cuyo objetivo es dar a conocer el barrio de Otxarkoaga mediante su uso como escenario de una obra audiovisual.

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Quienes se presenten al concurso, deberán realizar un cortometraje utilizando diferentes lugares y comercios del barrio de Otxarkoaga como localizaciones. Para ello, tendrán dos semanas. El tema será libre, y deberán aparecer como mínimo un comercio y un lugar reconocible del barrio. Todos los exteriores deberán rodarse en Otxarkoaga.

Según ha informado el Ayuntamiento de Bilbao, el año pasado se presentaron más de 20 propuestas diferentes, y en ellas participa

Las vivencias de Joseba en Santa Marina

EL CAPELLÁN DEL HOSPITAL LLEVA DIEZ AÑOS DANDO CARIÑO Y ESPIRITUALIDAD A LOS ENFERMOS TERMINALES Y A SUS FAMILIARES

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JOSEBA Bakaikoa está bastante familiarizado con la muerte. En los últimos años ha presenciado el ocaso de muchas personas. Ya no le impresiona. “Cuando estoy delante de alguien que ha fallecido”, comenta Joseba, “me quedo unos minutos en silencio contemplándole y me voy; pero no me produce malestar porque lo que veo es el misterio de una vida entregada a Dios”. Por desgracia, esa escena se repite muy a menudo en el hospital de Santa Marina, donde Joseba ejerce de capellán. Desde hace diez años, él y otras dos personas, una religiosa y otra seglar, acompañan a los enfermos terminales y a sus familiares a hacer más llevadero el trance de la muerte. Les proporcionan cariño, espiritualidad y acompañamiento. De las experiencias vividas, Joseba publicó el libro Ante el final de la vida. Mis vivencias en el Hospital de Santa Marina, donde cuenta “pequeñas historias”. Unas historias que ha escrito en un modesto piso de Otxarkoaga donde vive en comunidad con otros hermanos capuchinos. Joseba llegó al barrio hace 30 años porque quería “vivir el Evangelio”, como dicta la regla de san Francisco de Asís, el fundador de su orden, “dentro de unos criterios de pobreza e inmerso en la realidad social”.

El mundo de los números no le terminó de “enganchar” a Joseba a pesar de que terminó la carrera de Peritaje y Profesorado Mercantil. A los 23 años se dio cuenta de que su vida no iba estar encaminada hacia la empresa. “Me sentí llamado desde el aspecto de dar respuesta a una problemática social, de compartir con la gente, de vivir en fraternidad”. Eso es lo que le movió a entrar en el noviciado de los Capuchinos, en Santa Engracia (Zaragoza), y el ejemplo de un tío suyo que ya estaba en la orden. “De alguna manera influyó en mí, pero es curioso que cuando yo entré, él se salió”. A pesar de ello, Joseba siguió firme en su convicción de hacerse religioso. Fue ordenado sacerdote por monseñor Setién en Renteria, y su primer destino fue Altsasua, localidad muy cercana a Etxarri-Aranaz, donde se crió. Pero antes de tomar posesión estuvo un tiempo en Lazkao aprendiendo euskera. Y tras cuatro años entre Nafarroa y Gipuzkoa, aterrizó en Otxarkoaga. “Yo quería vivir en una pequeña comunidad”, recuerda Joseba, “y el provincial me planteó venir aquí porque hacía poco que había salido un compañero”.

Así que aceptó. Corría el año 1985. Se encontró con una realidad muy dura. Pero enseguida se adaptó. Joseba fue uno de los impulsores de Bizitegi, una asociación que comenzó a “dar respuestas a problemáticas de personas con enfermedades mentales, drogadicción y gente que vivía en la calle”. Y ahí sigue, realizando la misma labor de compromiso social con los más desfavorecidos, además de colaborar con la diócesis de Bilbao en las parroquias de Otxarkoaga y Txurdinaga.

Pero quizá la “misión” que más satisfacciones le ha dado en los últimos diez años es la que realiza en el hospital bilbaino. “Me llamó José Luis Atxotegi, que entonces era vicario de la diócesis, y me planteó ir de capellán a Santa Marina”, recuerda. Reconoce que “no había estado nunca en una misión tan concreta, pero pensé que podía ser una alternativa para mí, y la verdad es que acerté, porque me siento muy a gusto en Santa Marina”.

LABOR Hasta allí va uno o dos días a la semana con el único cometido de “compartir mi tiempo con personas que están enfermas y sus familiares”. Su trabajo tiene dos vertientes. “Por un lado”, dice, “respondemos a demandas de tipo espiritual, religioso, como dar la unción de los enfermos, comulgar o confesarse, y dentro de lo que podría llamarse función social, hablamos, dialogamos con la gente”. En este punto de la conversación es cuando quiere aclarar que “la unción de los enfermos, que ya no se llama extremaunción, es uno de los sacramentos más preciosos”. ¿Y en qué consiste? “Es un acto por el cual la persona enferma recibe la fuerza del Señor para poder vivir en paz y tranquilidad esa situación tan dura que está atravesando”, contesta.

El problema, según Joseba, es que “hay un miedo muy extendido a la muerte y los familiares de los enfermos nos llaman para que le demos la unción cuando ya no están conscientes para que no se enteren”. Y repite: “La unción es algo precioso y da mucha paz a los enfermos”. Lo ha podido comprobar muchas veces. También ha visto que “al final, la gente acepta la muerte”. Y usted, ¿tiene miedo a la muerte? “Yo, ante la realidad de la muerte, me siento tranquilo, pero como todavía no me ha llegado el momento, no se lo que me pasará”.

Deia