Entre foráneos y locales

Un guía profesional aporta datos históricos y anécdotas

Son las 9.30 horas. El cielo está plomizo. Encapotado. Es el típico día de verano en el que hasta el sol y la lluvia han decidido estar de vacaciones.

En el número dos de Gran Vía, frente a un autobús, se agolpa una fila de personas. Por su aspecto, parecen haber nacido lejos del centro de Bilbao, en lugares como Italia, Argentina o Granada. Sin duda alguna, es un autobús turístico; un autocar fletado por Bilbao Reservas para enseñar a los turistas los entresijos del botxo y de las orillas de la ría. Pese a todo, también hay vecinos de Durango, Otxarkoaga o Santurtzi; personas que quieren conocer mejor su entorno.

El autocar se pone en marcha en dirección Getxo. Nada más arrancar, la voz de Santi Bielsa, el guía turístico, empieza a desmenuzar lo que será la ruta destacando lo que los viajeros deben ver. Sus indicaciones son como las de un GPS, allá donde él indica, se desvía la mirada del grupo de turistas. “Es una auténtica enciclopedia, sabe muchísimo de la ruta y nos desvela detalles que ni siquiera los de aquí sabemos”, comenta Naiara, una joven de Otxarkoaga que ha subido al autobús con ganas de aprender.

En este trayecto, de la voz de Santi se pueden saber datos como que Bilbao, en sus orígenes, formaba parte de Begoña y que fue Don Diego López de Haro el que compró a la anteiglesia de Begoña los terrenos del CascoViejo o que el nombre de Portugalete proviene de una contracción de Puerto Galeón. De esta manera, se va empapando al turista de la historia de esta zona y a los habituales se le hacen saber cosas que, hasta el momento, ignoraban. “Estos datos sólo se pueden conocer con un guía profesional y, la verdad, repasando la historia comprendes mejor la forma de ser de los vizcainos”, opina Dario, un joven italiano, nacido en Bérgamo que está visitando Bilbao estos días.

El autocar llega a Getxo, allí algo aparentemente normal asombra a los turistas, las escaleras mecánicas de Bidezabal. “Esto no se ve en muchos sitios”, confiesa con asombro el transalpino. También se muestran extrañados al ver el probadero cercano a la iglesia de Andra Mari. “Para encontrar el sentido a los deportes rurales que aquí se practican hay que ver el gran ambiente que se crea”, indica el guía con complicidad.

DEL AUTOBÚS, AL TREN Sobra tiempo, así que los acantilados de Aixerrota son la próxima parada. El cielo parece que lo sabe y va abriéndose para permitir a los turistas una nítida visión desde esa tribuna que espía al Abra y al mar Cantábrico.

A la izquierda, la playa de Arrigunaga. En frente, Ezkerraldea y, a la derecha, se puede ver hasta Castro. “La bruma nos ha respetado y podemos ver todo perfectamente”, se felicita Bielsa. Vuelta al autobús. Siguiente parada, Ereaga.

Allí cambian el autocar por el tren txu-txu, que les lleva rumbo al Puente Colgante, la arquitectura de tintes británicos que creó Manuel María Smith en la zona. “Qué casas tan bonitas”, se oye entre los viajeros mientras el tren se va acercando al final del viaje.

Share
This entry was posted in Noticias de Diarios. Bookmark the permalink.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>