{"id":2991,"date":"2011-02-07T20:46:59","date_gmt":"2011-02-07T19:46:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.otxarkoaga.com\/afo\/?p=2991"},"modified":"2011-02-07T20:46:59","modified_gmt":"2011-02-07T19:46:59","slug":"kontsumitzale-eta-turistak-consumidores-y-turistas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.otxarkoaga.com\/afo\/general\/kontsumitzale-eta-turistak-consumidores-y-turistas\/","title":{"rendered":"kontsumitzaile eta turistak \/ consumidores y turistas"},"content":{"rendered":"<div id=\"main\">\n<div id=\"post-85\" class=\"post\"><!-- google_ad_section_start --><\/div>\n<h3 class=\"storytitle\"><a rel=\"bookmark\" href=\"http:\/\/blogs.publico.es\/luis-garcia-montero\/85\/las-molestias-del-turista\/\"><span style=\"color: #005577; font-size: x-large;\">Las molestias del turista<\/span><\/a><\/h3>\n<div class=\"meta\">Hay algo de irritante en el enfado o la indiferencia que muestran los turistas sorprendidos por acontecimientos hist\u00f3ricos y cat\u00e1strofes naturales. Regresan a sus casas y siempre hay en el aeropuerto un periodista dispuesto a preguntar. Es dif\u00edcil o\u00edr una voz que se implique de manera solidaria o pol\u00edtica en lo sucedido. Las condiciones sociales de los pa\u00edses visitados no entran en su manual de viaje. Se quejan de las molestias provocadas en sus vacaciones, del trato recibido en el hotel, de la falta de cuidados de la Embajada, de las dificultades para salir huyendo, del dinero que las agencias deben devolverles porque en sus c\u00e1maras no est\u00e1 la fotograf\u00eda deseada delante de las Pir\u00e1mides o de las aguas del Nilo.<\/div>\n<p>Comprendo las razones del miedo en una situaci\u00f3n imprevista. Pero me irrita la falta de curiosidad y una l\u00f3gica, ya casi natural, de no implicaci\u00f3n en los sucesos hist\u00f3ricos. La imagen del turista ha servido en algunas ocasiones para definir la condici\u00f3n del sujeto contempor\u00e1neo. El individuo que mira las cosas desde fuera, sin compromiso personal, dej\u00e1ndose resbalar sobre un tiempo l\u00edquido y con una existencia marcada por la movilidad, sin verdaderos arraigos en un mundo propio, casa a la perfecci\u00f3n con el cliente t\u00edpico de los viajes guiados, dispuesto a disfrutar de un Hait\u00ed sin terremotos o de un T\u00fanez sin revueltas c\u00edvicas. Lo m\u00e1s grave es que si nos tomamos en serio este paralelismo, si interpretamos de verdad la indignaci\u00f3n del matrimonio joven que protesta en el aeropuerto de Madrid porque los gases lacrim\u00f3genos llegaron a entrar por la ventana de su hotel en El Cairo, sentimos que la condici\u00f3n del turista se aplica tambi\u00e9n a nuestros comportamientos en las naciones y las democracias propias. M\u00e1s que extranjeros sorprendidos, somos turistas dom\u00e9sticos.<\/p>\n<p>Las protestas del turista se relacionan con los derechos del consumidor. Responden a la l\u00f3gica de que el cliente siempre tiene raz\u00f3n y a la prepotencia del usted no sabe con qui\u00e9n est\u00e1 hablando. No es extra\u00f1o que la megafon\u00eda interior de nuestros trenes ya no se dirija a los se\u00f1ores viajeros, sino a los se\u00f1ores clientes. Si se mete por medio el orgullo del poder adquisitivo, los altercados propios de un mundo herido y ajeno suponen molestias que deben mirarse por encima del hombro. Porque hemos cambiado los derechos c\u00edvicos por los del consumidor. Conforme van deterior\u00e1ndose nuestros derechos laborales y recortamos las inversiones en los servicios p\u00fablicos o en los amparos solidarios, se consolida la exigencia del consumidor. Todos somos peque\u00f1os banqueros muy conscientes del respeto que se debe a nuestro dinero. Es el respeto que falta para la condici\u00f3n humana y para los derechos c\u00edvicos.<\/p>\n<p>Como habitantes de un pa\u00eds, debemos limitarnos a cumplir con \u201cnuestros deberes\u201d. La frase es malintencionada y exacta porque nos convierte en ni\u00f1os, sin m\u00e1s horizonte que el de aprobar las asignaturas fijadas por los mayores, es decir, los mercados financieros. Terminado el tiempo escolar, se nos dan las vacaciones y ejercemos nuestros derechos en hermosos y programados viajes tur\u00edsticos. Nos indignamos entonces al llevarnos una sorpresa. La condici\u00f3n tur\u00edstica hace que visitemos muchas partes del mundo como si fuesen parques tem\u00e1ticos a nuestro servicio. Por eso lo sucedido en T\u00fanez y en El Cairo ha pillado a los gobiernos de Europa y Estados Unidos tan a contrapi\u00e9 como a sus electores turistas. All\u00ed donde menos lo esperaban hizo acto de presencia algo que estaba desapareciendo en las plazas del Occidente: la ciudadan\u00eda, la pasi\u00f3n y el riesgo democr\u00e1tico. Resulta que estos pa\u00edses no son parques tem\u00e1ticos, ni pozos de terroristas que necesitan un dictador bondadoso para contener su irresistible voluntad de matar. Su ciudadan\u00eda ha salido a la calle para exigir reformas democr\u00e1ticas y una econom\u00eda menos miserable y m\u00e1s digna que la santificada para ellos por el<br \/>\nFondo Monetario Internacional.<\/p>\n<p>Una edici\u00f3n reciente de las Cartas luteranas (editorial Trotta) de Pasolini me ha recordado su combativo desprecio por las personas \u201cdemasiado conscientes de sus derechos\u201d. Criticaba la deriva capitalista en la Italia de los a\u00f1os setenta. Los verdaderos derechos c\u00edvicos eran sustituidos por las exigencias del consumidor. Esas exigencias me hacen irritantes las declaraciones de algunos turistas al regreso de sus encuentros con una historia civil.<\/p>\n<p>PUBLICO<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las molestias del turista Hay algo de irritante en el enfado o la indiferencia que muestran los turistas sorprendidos por acontecimientos hist\u00f3ricos y cat\u00e1strofes naturales. Regresan a sus casas y siempre hay en el aeropuerto un periodista dispuesto a preguntar. 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