Bilbao: 30 años de regeneración urbana (Parte I)

Bilbao: 30 años de regeneración urbana (Parte I)

Han transcurrido más de 30 años desde que Bilbao celebró sus primeras elecciones al ayuntamiento, tras 40 años de vivir bajo el régimen dictatorial de Franco. Todo lo cual suscita cuando menos varias reflexiones, la primera de ellas y por lo tanto la más significativa, sería ¿en qué estado dejaron Bilbao aquellos empresarios, financieros e industriales que estuvieron al frente de las instituciones tanto públicas como privadas de Bilbao durante el régimen franquista?.
Cualquiera puede consultar la prensa escrita, la documentación de archivos, otro tipo de publicaciones e incluso entrevistar a alguno de los protagonistas. Tras lo cual, eres consciente de lo difícil que resulta cuantificar la verdadera dimensión de lo que dejaron las autoridades franquistas como herencia en Bilbao. Precisamente porque todo lo que puedas decir se queda excesivamente corto. Lo que si patentizas, someramente, es que el léxico que más se repite a la hora de describir el Bilbao de aquellos años, es el de profunda degradación, total abandono, desaparición, perdida, déficit, infracalidad urbana, absurdo urbanístico, atentado urbanístico, despropósito, asfixia, destrucción, ciudad caótica, situación catastrófica, expoliación, desaguisados urbanísticos, ruina, especulación salvaje, anarquía y un largo etcétera.
Si a ese léxico aunamos hechos tan increíbles como que dejaron un ayuntamiento con una deuda de 7.000 millones de pesetas de las de entonces, una ciudad sin equipamientos ni servicios, sin infraestructuras, la ciudad más contaminada de Europa, -incluso maloliente-, que había basado su extensión en una nefasta política de anexiones que llevó a convertir en un vertedero un municipio como Erandio o la salvaje especulación que ejerció sobre el valle de Asúa, todo ello le deja a uno estupefacto. Y es que Bilbao tenía el glorioso título -según varios medios de comunicación de la época- de paraíso de la especulación.
Un Bilbao con unos índices de densidad extraordinarios, con un déficit de miles de viviendas, con miles de chabolas, carente de planes de saneamiento, sin ni siquiera un planeamiento, que potenció indiscriminadamente un crecimiento demográfico exagerado. Un Bilbao carente de todo, sin una normativa legal mínima que permitió aquel anárquico crecimiento.
Un ayuntamiento que durante el franquismo tuvo intención (en ocasiones lo logró en otras no gracias a los movimientos ciudadanos) de destruir buena parte del patrimonio municipal y edificios considerados conjuntos y monumentos histórico-artísticos para poder construir sobre sus solares, buscando únicamente un beneficio económico.
Es preciso hacer constar, simplemente como una demostración más de la actitud de esas autoridades hacia Bilbao, que cada año desde Bizkaia, se aportaban a las arcas del Estado 60.000 millones de pesetas de las de entonces, según estimaciones aproximadas aportadas por varios medios de comunicación de la época, pero sin embargo no revertía nada. Bilbao fue abandonada a su suerte durante todo el franquismo, porque las contadas actuaciones que se realizaron en grandes construcciones se hicieron siempre con capital privado. Ni siquiera invirtieron en modernizar las industrias para ser competitivas, dejándolas agonizar, por lo que cuando llegó la crisis económica de finales de los 70 los efectos fueron aún más catastróficos y traumáticos para la sociedad vizcaína que para cualquier otra.
Impulsó esta denominada alta burguesía que controlaba el ayuntamiento, normativas como el artículo 50, incluida dentro de las normas constructivas municipales, que sirvió para hacer millonarios a muchos constructores afines al régimen. De esta manera pudieron cimentar una edificación intensiva, en altura, con profundos cambios de escala y gigantismo, en definitiva, provocando una gran pérdida de valores formales de la ciudad al aplicar esa normativa y creando una enorme densidad.
Fomentaron estas autoridades construcciones como Otxarkoaga, polígono construido con materiales de muy baja calidad, con excelsa rapidez, lo que acabo provocando de manera casi inmediata, problemas de humedades en sus pisos, que hicieron cegar cientos de viviendas de plantas bajas por los altos índices de humedad, que provocaron graves enfermedades en muchos de sus vecinos. El caso de Otxarkoaga se trata tal vez del más notorio, pero es extensible por la forma de construir a la mayoría de barrios de Bilbao.
Unas autoridades al frente de un ayuntamiento que había sido cómplice de constructoras e inmobiliarias, que infringieron leyes y planes de urbanismo, obtuvieron ilegales licencias concedidas por un ayuntamiento corrupto, que no respetaba la ley del Suelo, que permitía construir sobre zonas verdes, con un exceso de altura y volúmenes, llegando a permitir que el 80% de las construcciones de viviendas en los años 70 fueran ilegales.
Accedieron estos dirigentes a que hubiera gente que vendió terrenos municipales como propios, ya que el ayuntamiento no sabía ni qué patrimonio poseía realmente, ya que muchas fincas municipales no estaban siquiera registradas.
Utilizó aquella élite financiera e industrial de Bilbao, la corporación administrativa Gran Bilbao para manipular el urbanismo de 19 municipios a su antojo, con el fin de defender sus intereses empresariales. Los planes se hacían como respuesta a los requerimientos y necesidades económicas de aquellos empresarios que estaban al frente tanto del ayuntamiento de Bilbao como de la Diputación de Vizcaya
Fomentaron aquellos políticos empresarios un Bilbao agobiante, con un tráfico asfixiante, que debido a su negligencia Bilbao terminó sufriendo una desidia total. Un ayuntamiento que obvió el transporte público y en cambio fomentó el uso masivo del coche provocando desequilibrios físicos y psíquicos en el ciudadano. Llegaron incluso a poseer, el dudoso honor, de ser los únicos culpables de haber creado auténticos ghetos en los barrios de Bilbao.
Muchos de los partidos políticos que se presentaron a las elecciones municipales de Marzo de 1979 y los movimientos ciudadanos, anticiparon ya entonces lo que con el tiempo hemos podido corroborar como una realidad: se necesitarían varias generaciones para corregir los desequilibrios ecológicos y urbanísticos creados por estos personajes. Por lo que, ya, en aquellos años, se exigieron pedir responsabilidades políticas y económicas de fraudes y corrupción de anteriores corporaciones. Además de a todos aquellos miembros de aquella élite financiera e industrial que se enriquecieron gracias al sufrimiento y la miseria de los bilbaínos. Pero en eso quedó, en un brindis al sol, sin ninguna consecuencia.
Hoy día, después de miles y miles de millones invertidos en recuperar Bilbao, en rehabilitar los despropósitos causados por quienes gobernaron durante el franquismo, la pregunta que nos debemos hacer es si las actuales autoridades deberían de hacer balance de cuanto ha costado realmente a los bilbaínos en particular y a los vascos en general. Creo que para ser justos y poder seguir hacia adelante, los bilbaínos en particular y los vascos en general, necesitarían además de una reparación jurídica y moral de los franquistas, que todavía está pendiente, exigirles además una reparación económica. Porque los trapicheos y desaguisados de los franquistas, haciendo balance a día de hoy, han salido muy caros a todos los bilbaínos. Además de haber costado décadas salir del pozo en que nos metieron. Hay quien se pregunta, incluido un servidor, porqué aún no han pagado por ninguno de aquellos atentados urbanísticos.

Luis Bilbao Larrondo. (Historiador)

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