Después del best seller «La economía del bien común», Christian Felber saca a la luz esta semana su nuevo libro «Salvemos el euro» (Editorial Anaya) en el que como idea base indica que solo podrá funcionar la moneda única «si, junto a las políticas económicas, se coordinasen otras como la política financiera, la salarial, la fiscal y la política coyuntural». La economía del bien común no cuestiona al mercado, pero lo quiere «más democrático y participativo». Se acerca al modelo cooperativista.
¿Está en peligro el euro?
Está en gran peligro por la mala construcción de la zona euro, de lo que es el mercado común, pero también por las deficiencias democráticas de la Unión Europea, a nivel más profundo. Pero al analizar el nivel superficial, vemos que la construcción de la zona euro es una integración solo monetaria, pero no hay cooperación en otros campos importantes de la política econó- mica entre los países.
¿Por ejemplo?
La política fiscal, la política comercial y la financiera. Sin cooperación en estas tres políticas el euro no lo vamos a poder conservar. Las estrategias de rescate, que los gobiernos y parlamentos están implementando, tampoco nos van a salvar al euro. Es posible salvarlo, pero no con esas políticas.
¿Las políticas fiscales, monetaria y financiera se han quedado fuera de esa integración por interés de los propios países de la UE-27?
No son intereses de los países, sino que dentro de cada uno de los países las élites económicas, políticas y financieras reclaman aspectos diferentes a las grandes necesidades de la mayoría de la población. Ese es el problema real. No es un problema entre culturas supuestamente diferentes, sino que las necesidades y las visiones políticas básicas de todos los pueblos soberanos son interesantes, pero tendríamos la posibilidad de construir una unión política más estrecha, qbajo una construcción estable para el euro, pero los intereses de las élites son distintos. En concreto, las élites se resisten con todo su poder contra una unión fiscal que incluya impuestos sobre los factores móviles como son las fortunas financieras, los ingresos del capital, los beneficios de las grandes empresas y las transacciones financieras. Tampoco quieren ni escuchar sobre la durabilidad y estabilidad de la UE. Hace falta que aspiren a balances equilibrados y sancionen a aquellos que no lo hagan. A estas dos medidas habría que añadir una tercera: una regulación estructural de los mercados financieros. Si no se logra, tampoco habrá un euro estable.
¿Está aumentando la diferencia entre la élite y la población?
Ese es el problema. Todas las encuestas determinan que hay una aplastante mayoría de la población que demanda que se cierren los paraísos fiscales y que se descuarticen los bancos sistémicos después de salvarlos, y no se les permita que resurjan. Así se permitiría fortalecer una economía real de mercado. Porque tenemos la pretensión de haber creado un mercado común financiero, pero se ha hecho todo lo contrario creando estos monstruos sistémicos que son el final de la economía de mercado. No hay libre competencia, porque ya no hay el derecho a mantener el mercado, sino que son el punto final de la democracia. Este problema sobreviene de una demasiada concentración de poder económico y, concluyentemente, político en pocas manos.
¿Por qué los políticos están permitiendo que se pierda el poder de la Unión Europea?
Hay distintas seducciones a las que han cedido. La primera es la seducción ideológica del supuesto liberalismo, que hay que desencadenar la liberalización de los mercados sin límite de regulaciones ni a la concentración del capital. En mi visión, este supuesto liberalismo es antiliberal. Porque para salvaguardar las libertades, incluyendo la libertad económica, tenemos que limitarlas en todos los sentidos. Tenemos que procurar que los bancos no se hagan demasiado grandes. Siempre hablo de unos activos máximos de entre 20.000 y 30.000 millones. Las empresas tampoco deben ser demasiado grandes, ni la propiedad privada, en general, porque acumulan mucho poder.
¿Desde la política se potencia la concentración de poder?
Sí. Porque lo confunden con una postura liberal.
¿Cuál es la segunda seducción a la que se refiere usted?
Que el poder político y monetario les hace felices. Se comportan de forma egoísta a costa de los demás, a costa de la mayoría de la población. Sabemos que es pura ilusión, por eso la economía del bien común va más allá en la búsqueda de soluciones, y cuenta que no son ni el poder ni el exceso de dinero lo que nos hace felices, sino las relaciones que funcionan con la naturaleza intacta, con la Seguridad Social, con el reparto justo y con un tiempo suficiente para hacer lo que a cada uno nos gusta hacer. Si queremos enfocar otras metas deberíamos ponernos en el foco de la medición de éxito económico y de ahí llegamos al bien común, en vez de al PIB, es decir el balance del bien común en vez del balance financiero a nivel empresarial. Creo que se trata de cambiar el enfoque de la actividad económica, preguntándonos por esa meta. Mientras confundamos el éxito y la felicidad con indicadores monetarios no vamos a salir de esta.
La UE de los 27 tiene muchas diferencias entre sus propios países ¿qué habría que hacer?
Así es. Hay una diferencia muy marcada entre países en términos monetarios, pero en términos de felicidad tengo mis dudas de que la gente en España sea menos feliz que en Alemania, lo dudo mucho. Más feliz son en el norte quizá por tener más estabilidad social y unidades más pequeñas, lo que aumenta la felicidad, según los estudios científicos. Pero esto son los dos niveles, porque si queremos salvar el euro hace falta la cooperación política y económica, empezando por gravar las grandes fortunas y los cimientos del mercado común en el nivel técnico y económico. Y, en el nivel más profundo cultural, hace falta desvincular nuestras aspiraciones a la felicidad de los indicadores monetarios y vincularlas a indicadores de éxito económico como los que he enumerado.
¿Qué habría que hacer para cerrar los paraísos fiscales?
Sería muy fácil técnicamente, porque los paraísos fiscales no importa que sean Suiza, Mónaco, Andorra o las Islas Caimán depende esencialmente de la libre circulación de capitales que hoy en día no se hace en maletas, ni a través de fronteras, bosques o montañas. Los más ricos tienen tantos miles de millones que no caben en una maleta y estos lo hacen casi exclusivamente por internet.
¿Son fáciles de controlar?
Técnicamente las transacciones financieras transfronterizas son efectuadas por muy pocos bancos especializados en estos servicios de la transferencia financiera transfronteriza y sería muy fácil regular estos flujos de capitales. Teóricamente con mi propuesta podríamos convertir este servicio de transferencia financiera internacional en dominio público como una de las tareas de los sistemas bancarios centrales, que ya hacen parte. Si las hicieran de forma exclusiva no habría ninguna posibilidad del capital de esquivar estos caminos transfronterizos opacos. Podríamos gravar, poner un impuesto, hasta cerrar esas vías que van a los paraísos fiscales hasta que no cooperen.
¿Qué hace falta?
Las relaciones interhumanas se establecen y profundizan en la medida que crece la confianza. Las llaves de mi casa o la cuenta corriente no la doy hasta que hay confianza. Lo mismo recomiendo a los países. La circulación libre de capitales solo podría ser libre si los países han ganado esa confianza. Cuando Suiza o Islas Caimán cooperen, se logrará. Es técnica y políticamente muy fácil, pero nos han inculcado esa idea de que el capital es un pájaro y puede volar donde quiera, pero no es así. El capital requiere una infraestructura técnica muy material, y se puede regular, si se quiere.
A su juicio, ¿cuánto dinero hay en los paraísos fiscales?
El PIB mundial es de 75 billones de dólares, y las fortunas globales son, según se estima, hasta tres veces mayores, 200 billones de dólares. Una cuarta parte está depositada en los paraísos fiscales del mundo, 50 billones. Suiza es el mayor paraíso fiscal, con una tercera parte. Hasta que no haya transparencia no se sabrá a ciencia cierta si estas estimaciones son reales.